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La lengua viva

El incierto origen de las palabras

Son varios los libertarios curiosos que me cuentan el origen de la palabra hincha (= partidario entusiasta de un equipo deportivo). Por ejemplo, me ilustra Carlos Pedraz Calvo. A principios del siglo XX, en el estadio El Centenario del club Nacional de Montevideo, un tal Prudencio Miguel Reyes era el inflador de los balones. Durante los partidos de su equipo el hombre gritaba entusiasmado: "¡Arriba Nacional!". Tanto ruido hacía el hinchapelotas de bien dotados pulmones que se quedó como el "hincha" por antonomasia.

M. Castro (Ceuta) confirma que, en buena lógica, el cultismo emérito tendría que haber derivado en castellano a mierdo. Por lo mismo que Mérida tenía que haber sido Mierda. Quiero creer que se trata de una broma de lingüistas, muy coñones ellos. Tengo para mí que Mérida tendría que ser más bien Merecida. Augusta Merecida, no está mal.

Con referencia a la simbología del laurel, Antonio-Jorge Serra Mallol recuerda que "en las puertas de los caseríos vascos se pone una hoja de laurel para evitar la caída del rayo encima del edificio". Puede ser un resto de la simbología romana. Lo que prueba la tesis de Julio Caro Baroja sobre las profundas influencias del mundo romano en el vasco. A estas alturas nadie se cree la leyenda de que los romanos no entraron en la tierra de los vascos.

Aurora (Zaragoza) se encuentra con el abuso a que se somete el verbo merodear, por ejemplo, en el titular de que "el precio del petróleo merodea" tantos dólares por barril. Me pide: "Aclare usted, por favor, que, cuando se merodea, siempre se hace con muy mal fin". Cierto es. Merodear suele llevar un sentido afrentoso: "vagar alrededor de algo para robar o cualquier otro fin perverso". Es un galicismo, de maraud (= sujeto despreciable).

Me refería yo aquí al origen que da el DRAE de sorchi (= soldado, quinto, recluta) por su parentesco con el inglés soldier (= soldado). Me dice Ignacio Frías que esa secuencia no es muy católica. En su opinión el verdadero origen está en la voz vasca zortzi (= ocho). En el régimen foral pactado con el Señorío de Vizcaya "solo uno de cada ocho varones vizcaíno hábiles para el servicio pasaba a formar parte del Ejército". Me parece una estupenda apreciación. Por cierto, don Ignacio me pide que, al recoger las opiniones de los libertarios, transcriba yo "íntegramente lo que [le] mandamos o, al menos, algunos de nuestros párrafos completos. Porque se hace [hago yo] cada resumen, extracto o síntesis de lo que decimos que haría hablar a los mudos. Y ver a los ciegos. Y hasta dejar de colaborar a algún otro emilianense". Pido mil perdones. Si he resumido mal el contenido de algún ismael, habrá sido por el propósito de ahorrar tiempo y espacio. Intentaré, en la medida de lo posible, que quede íntegro el pensamiento de los ismaelitas.

Luis Montiel me pregunta por el origen de la palabra gálibo (la señal que anuncia la altura de los túneles o puentes). Es una voz que proviene del árabe gualib (= molde) y a su vez del griego kalópous (= horma, plantilla). A don Luis le parece una "palabra extranjera que suena rarísimo". Pues es bien castiza y suena admirablemente. Durante mucho tiempo fue un término de la construcción de barcos. El gálibo era simplemente lo que hoy llamaríamos planos o maqueta, un modelo a escala de lo que iba a ser la embarcación. Cuando vemos la señal de gálibo en la carretera nos avisa con un dibujito la altura que va a tener el puente o el túnel. Es la especificación del plano de esa construcción que más interesa a los viandantes.

José María Navia-Osorio se pregunta de dónde puede venir esa locución "terror pánico". Es un cultismo tardío procedente del griego deima panikón o también panismós (= terror causado por el dios Pan). Pan es ese dios con cuerpo de macho cabrío y cara de viejo libidinoso que iba asustando a las doncellas.

Cándido Alvarado M. se plantea la diferencia entre crear y criar, "pues ambas palabras vienen de un mismo origen latino: creare". En efecto, los dos verbos, crear y criar, proceden del mismo origen, creare (= engendrar, hacer, producir, nacer). A su vez, ese verbo procede del griego kepao (= mezclar, hacer un compuesto). En sánscrito tenemos kre (= hacer). De ese mismo origen se derivaron dos acciones similares: crear (= inventar, sacar de la nada o con una gran transformación) y criar (= mantener, nutrir, alimentar a un ser vivo). El verbo tenía que haber sido lógicamente uno, criar, pero luego se derivó el cultismo de crear. Seguramente se entendió que Dios creaba a sus criaturas, por lo mismo que el artista crea sus obras por inspiración cuasi divina. También se crean empresas, familias y otras formas de relación. Es interesante agrupar los dos racimos de voces derivadas:

De crear De criar

creación

cría

creador

criatura

creativo

criadilla

procrear

criado

recreo

crianza

 

malcriado

 

criollo

Por lo general, los compuestos de crear son posteriores y proceden de una vía culta. Los compuestos de criar son más castizos y se introducen antes en el idioma castellano.

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