
Algunos filólogos –particularmente don GTS– andan envueltos en el complejo taxonímico de Linneo, que es la obsesión de poner nombres enrevesados a las cosas. 
Lo que aquí llamo yo polisemia (= una palabra con distintos significados), como base del humor, no siempre merece ese nombre. Gabriel Ter-Sakarian Arambarri me corrige: en los casos de cruce de significados entre el locutor y el interlocutor hay que hablar de metanálisis. Se agradece la corrección fraternal, aunque me parece que algunos filólogos –particularmente don GTS– andan envueltos en el complejo taxonímico de Linneo, que es la obsesión de poner nombres enrevesados a las cosas. Que conste el dato de que muchos sociólogos caminan por los mismos vericuetos. Hace tiempo que me salí de ese camino, y no porque se haga camino al andar. Simplemente el andar es casi siempre por algún camino, aunque no sea el Real (de Rey, no de realidad).
Un ejemplo de metanálisis (carajo con el palabro) me lo proporciona el Gran Recopilador que es Miguel A. Taboada. Se trata de una colección de chistes sobre idiotas. Están en inglés y traduzco algunos:
Son muchos los chistes y sucedidos graciosos en donde se da la confusión de significados (metanálisis, vaya). Pedro Manuel Araúz Cimarra (Manzanares de la Mancha, Spain; así lo dice él) cuenta lo que sucedió en un examen de Anatomía. Pregunta el catedrático a la alumna: "¿Cuál es el órgano que aumenta 11 veces su tamaño en el desempeño de su función?". La alumna duda y contesta ruborizada: "El pene". Termina el catedrático: "Que más quisiera usted, señorita. Es el nervio óptico. Vuelva usted en septiembre".
Miguel A. Taboada sigue inundándome con chistes basados en la polisemia de algunas palabras (Metanálisis para los puristas). Transcribo uno de ellos: "La situación hizo reír a los habitantes de Michigan durante varios días. Se trataba de una nueva presentadora de la sección del tiempo atmosférico. Era el día siguiente al de una predicción de que iba a caer una fuerte nevada, pero que no se produjo. La presentadora se dirigió a su compañero de programa (el que se había equivocado en la predicción) y le espetó: -Así que, Bob, ¿qué ha pasado con los 25 centímetros que me prometiste la última noche? Naturalmente, la chica pensaba en los 25 centímetros de nieve; los asistentes al plató, y seguramente muchos televidentes, pensaron otra cosa".
Agustín Fuentes me cuenta otro sucedido en la misma línea de la polisemia sexual: "Estamos en unos grandes almacenes. Llega un hombre con un paquete de condones y lo deposita en la caja del establecimiento, atendida por una señorita. La dependienta le pregunta con una sonrisa profesional:
–¿Se los pongo?
–No, ponérmelos ya me los pondré yo; yo solo quiero que me los cobre".
