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Ricardo Zafrilla considera que la fórmula "yo pienso que" es incorrecta. En su lugar, habría que decir "pienso que", "en mi opinión" o "me parece". Es verdad que se trata de una mala copia del inglés y que se abusa mucho del "yo" en los verbos, pero no es razonable eliminar ese pronombre por completo. No es lo mismo decir "te quiero" (hermosísima expresión) que "yo te quiero". Con ese "yo" se insinúa que "yo te quiero a ti más que otras personas pueden quererte o incluso más de lo que tú me puedes querer a mí". O también, se puede implicar que "aunque lo dudes, soy yo el que verdaderamente te quiere". Cabe aún alguna otra interpretación; por ejemplo, "a pesar de algún disgustillo, quédate con la verdad, que es la de que te quiero". Fíjese, don Ricardo, la cantidad de sutiles mensajes que puede añadir el "yo te quiero" frente al escueto "te quiero". Lo que ocurre es que, efectivamente, ahora es costumbre introducir muchas veces el "yo" al conjugar los verbos. Ahí tenemos, esa sinsorgada de "Yo amo Torrelodones" o cualquier otro pueblo. Mejor sería decir "Amo a Torrelodones" o no decir nada. Hay que saber introducir el "yo" de los verbos. Recuérdense los famosos versos de La vida es sueño, de Calderón de la Barca:
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado.
En definitiva, no hay que evitar el "yo" en todos los casos; hay que saber administrarlo. Reconozco que en mis escritos abundan excesivamente los "yoes", quizá sea por influencia del inglés o por necesidad del género crítico. Recuérdese el "yo acuso" de Zola.
Luis Lebredo (Redlands, California, USA), interviene en la polémica sobre las formas imperativas. El letrero de "No fumar" le parece mejor que "No fumen" o el confianzudo "No fuméis". Estoy de acuerdo. Para evitar un lenguaje desabrido hay que redescubrir distintas formas de imperativo mitigado.
Carlos Díaz Flecha (León) apunta a que en la frase "este hijo no me come nada", ese me, proveniente del leonés y del gallego, confiere un interesante matiz afectivo. En efecto, se trata de lo que le ocurre a un hijo "mío", por el que me preocupo especialmente.
Miguel Ángel Pamplona (El Puerto de Santa María, Cádiz), con buen aviso, razona que la frase "me voy a trabajar" indica desplazamiento, mientras que su omisión permite referirse solo a la disposición, al propósito, en este caso, de trabajar. Javier Tartajada me hace la misma atinada observación.
Miguel Ángel Taboada se pregunta si el recurso retórico de César Vidal en La Linterna, cuando cita a "mi portera" no tendría que ser "la portera de mi casa". Entiendo que no hay que ser tan puristas. Se puede decir "mi vecino, mi portera, mi profesor y (en el Ejército) mi capitán". Esos posesivos con personas en ningún caso son despreciativos. Antes bien, pueden adherir un tono simpático y hasta cariñoso.
José Ignacio Benavides opina que mi apreciación sobre el lugar del punto detrás de las comillas no es correcta. Dice: "No deben figurar signos de puntuación detrás de los ortográficos, tales como comillas, paréntesis, etc.". Lo siento pero la norma más actual es la que yo sigo. Dice el DPD (Diccionario Panhispánico de Dudas): "El punto se escribirá siempre detrás de las comillas, los paréntesis y las rayas de cierre".
Respecto a la pérdida del símbolo "¿" (abrir interrogación), Francisco García Fernández apunta otra posible causa. Es el continuo uso de los mensajitos telefónicos (SMS), los "emilios" y otras formas de comunicación a través del ordenador. Esos lenguajes necesitan abreviar los textos todo lo posible. Me parece una razón potísima, como antes se decía. Aun así, entiendo que podemos comunicarnos perfectamente a través del telefonillo o del ordenata sin que tengamos que parecer antiguos funcionarios de Telégrafos.
Juan Llamas añora la "p" seguida de consonante como psicología o septiembre. La experiencia le dice que lamentablemente se está perdiendo. Comparto su añoranza. Desde luego, en psicología la "p" resulta imprescindible. En cambio, en otros casos (seudópodo, seudónimo) la pérdida es irrecuperable. Qué le vamos a hacer. El idioma es un ser vivo.
Mª Ángeles me pregunta si se puede decir "no me doy mucha cuenta". Yo creo que sí. Cuenta es un sustantivo y, por tanto, permite calificarlo: "poca o mucha cuenta".

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