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Columna publicada el 06-10-2005
Sobre las catilinarias sigo recibiendo una cascada de correos de libertarios latinistas. Predomina la opinión de que el verbo de la famosa pregunta de Cicerón es abútere. Así será por aclamación. Pedro Antonio Giménez (Albacete) me corrige mi calificación de Catilina como un “pillo”. Nada de pillo; hoy sería un “espantoso criminal”, un terrorista, un mafioso. Acepto la corrección y aprendo.
Eduardo Vallejo (Zaragoza) se pregunta por el significado de fulgente. Él lo asocia a “mucha gente reunida en un mercadillo o plaza. Es obvio que es una mezcla de full (= lleno) y gente”. Pues nada de eso. Fulgente significa brillante, resplandeciente, y viene del latín fulgens, que quiere decir eso mismo. Como puede verse, a veces lo “obvio” no lo es tanto.
Otra curiosidad que señala don Eduardo es el verbo relanzar: “significa lo contrario de lo que pudiera pensarse. Relanzar es dejar de hacer”. No exactamente. Cierto es que no significa lo que parece, pero no es “dejar de hacer”. Relanzar es “rechazar, repeler”. Claro que ese sentido es hoy un anacronismo. Aunque el DRAE no lo recoja, actualmente relanzar tiene el sentido de dar un impulso renovado a algo.
Don Eduardo dice que deberíamos intercambiar algunas frases latinas. Él propone: Disce quasi semper victorus, vive quasi cras moriturus. Es decir, “aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana”. La hago mía. No estaría mal, abrir otro concurso de frases latinas útiles. Ninguna lengua ha comprendido mejor el conocimiento que el latín.
Julia De Laguno me cuenta que, cuando chica, en el colegio de monjas se divertían conjugando el verbo puto, as, avi, atum (= pensar, pero también podar, estimar). Lo que no significa es “obedecer” como sugiere doña Julia, o al menos a mí no se me alcanza. Ya es bonito que un mismo verbo signifique podar, pensar y estimar. Quien haya podado un árbol, sabrá que esas tres acciones pueden ir juntas.
Eduardo Vallejo, sugería el acopio de frases latinas estimulantes. Mi favorita hoy es la de Terencio: Nihil humani a me alienum puto (= estimo que nada que sea humano me resulta extraño).
Severino Arranz Martín es autor de un interesantísimo diccionario Etimologías inéditas y curiosas, recién publicado. Habrá que consultarlo. Por ejemplo, contiene una ilustrada excursión por la palabra puta, una de las más comunes del habla cotidiana. Sostiene don Severino que puta procede del latín putida (= sucia, hedionda). De ahí vino también pocha (= podrida). En Gonzalo de Berceo está la forma de “fijo de mala putanna”. Así llega al Quijote y a nuestros días. De todas formas, me parece más sencilla la derivación que apunta Barcia: del latín puta (= muchacha), que se aplicó en distintos romances a la chica de servir. En sánscrito putri (= muchacha). Hay mil dichos en torno a esa maravillosa palabra. Mi favorito es el que comenta Barcia: “¿Hay más putas que confesar? Espere usted, padre, que aún falta mi madre”. La asociación de “madre” con “puta” produce toda suerte de giros irónicos, despectivos, festivos y de toda índole. Seco no tiene más remedio que admitir el vulgarismo “de puta madre” (= óptimo, lo mejor), una atrevida antífrasis.
Manuel Maese tropieza con una duda: “¿Puede el verbo ver provenir de verificar?”. No lo creo. En latín está videre (= ver) y verificare (= verificar). Verificare procede de verus (= verdadero) y de facere (= hacer). Está claro que “verificar” es comprobar que algo es verdadero, es correcto, funciona bien, está en su sitio.
Rafael Navarro Ruiz propone que digamos eruptar, de erupción, y así nos evitamos eructar. Muy ingenioso, pero la lengua tiene una estructura cristalizada a través de raíces milenarias. Eructar viene del latín eructare (= expeler ruidosamente los gases del estómago a través de la boca). También en latín eruptio es “salida impetuosa”, como la lava y gases de los volcanes. Viene del verbo eruere (= sacar, arrancar de la tierra). Cierto es que hay una relación entre las dos acciones: eructo y erupción. Pero mejor será dejarlas como están porque presentan orígenes distintos. El latín es nuestra madre y hay que respetarla, aunque ahora haya sido castigada en los planes de estudio. Así nos va.
Pedro Ángel García Benavente es de la opinión que “Sierra Morena” se dice así porque en la época romana ese territorio fue gobernado por un tal Mauro. Podría ser. Aunque más bien me suena que lo de “morena” se asocia con los “moros” o “mauritanos”, los que habitaban en el norte de África. Visto el mapa desde Roma, el norte de África bien podría empezar en las fragosidades de Despeñaperros.
Josep Eruïl Arret me proporciona una curiosa etimología para seno. Era el pliegue de la toga romana a la altura del pecho que servía de bolsillo. De ahí pasó al regazo, al seno femenino. Muy interesante.

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