
Los andaluces llevan ventaja en esa capacidad inventiva; y en América, los mexicanos, que en ciertos aspectos son como los andaluces al cuadrado. Sin querer se me ha deslizado una greguería.
Un hecho paradójico es que la estructura mental de los hispanohablantes se resiste todo lo que puede a comparar. Lo óptimo resulta "incomparable", "no se pueden sumar peras con manzanas" (pero ambas son frutas) o "no se pueden confundir las churras con las merinas" (pero ambas son ovejas). Algo inefable es lo que "no se puede ni comparar" o "no tiene comparación". Ahora bien, precisamente por esa resistencia a los símiles, el hispanohablante gusta de establecer "comparaciones dislocadas" tan extremosas que seducen irónicamente para provocar la sonrisa. En muchos casos la comparación logra su objetivo humorístico al contar con la inteligencia del interlocutor, que sabe muy bien a lo que se refiere el dicho. A veces suele comentar: "esa es muy vieja". Se dice algo parecido de los refranes. Entresaco nuevas comparaciones del trabajo de Juan de Dios Luque con símiles clásicos:
Las comparaciones dislocadas, al pretender la exageración, pueden llegar al chiste surrealista, típico, por ejemplo, de la fórmula "tan, tan". Así,
Como puede verse, esos ejemplos nos acercan a la fórmula de la "greguería", incorporada como género literario por Ramón Gómez de la Serna, pero que han dejado caer otros muchos autores. Ejemplos:
La greguería no es más que la metáfora dislocada. Entre nosotros la cultiva con esmero Antonio García Barbeito.
Una sección muy gráfica de los símiles humorísticos es la que se establece con algún personaje conocido y estereotipado. He citado ya a Juan Valdés y a Manolo Escobar. Más ejemplos:
La ventaja de estos géneros de las comparaciones dislocadas y de las greguerías es que permiten que cada uno de nosotros podamos añadir nuevas frases, inventadas para la ocasión. Naturalmente, los andaluces llevan ventaja en esa capacidad inventiva; y en América, los mexicanos, que en ciertos aspectos son como los andaluces al cuadrado. Sin querer se me ha deslizado una greguería.