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Jesús María Ruiz-Ayucar (Torrijos, Toledo) me cuenta que en su pueblo mantienen una discusión sobre la verdadera pronunciación del nombre Lucio. Algunos paisanos dicen que debería ser Lucío, el masculino de Lucía. Opino que cada uno se llame como quiera. Pero toda la vida de Dios el nombre masculino ha sido Lucio, como corresponde a su origen romano. Lucius deriva seguramente de lux, lucis (= luz). Recuérdese Lucio Cornelio Sila o Lucio Tarquino (el último Rey de Roma). También existe Lucilo, Lucila, Lucino, Lucina, Lucinio, Lucinia, Luciano, Luciana, Lúcido, Lúcida y Lucinda. El femenino de Lucius es Lucia. De todas formas, en Italia y en España, ha prevalecido la acentuación de Lucía. La razón es que la famosa Santa Lucía, patrona de los ciegos, era de Sicilia, zona que mantuvo la lengua griega durante mucho tiempo. Lucia en griego es Loukía.
Flora Herreros me pide que rectifique el error de haber escrito su nombre como Mª Flores en lugar de María Flora, que es su nombre de pila. Pido perdón por el involuntario error. Seguramente, al escribir, mi subconsciente me traicionó, ya que desde mi ventana se ve la casa de la famosa Mar Flores. Uno de los errores que menos se perdonan es que uno confunda el nombre del interlocutor. No lo digo por mí, puesto que no son poco los que me llaman Armando, Amador, Amadeo o Miguel. Ya estoy curado de espanto. Camilo José Cela me enseñó un truco dialéctico. Cuando uno discute acremente con alguien, lo que desarma a ese contrincante es oír que uno trabuca su nombre. Seguimos siendo profundamente nominalistas, es decir, creemos que "el nombre hace a la cosa".
Rafael Pernett y Morales (médico) trabaja con las comunidades indígenas de Panamá donde acostumbran a poner a los críos nombres muy vistosos. Por ejemplo, Tarzán Santos, Marlboro Gómez, Haloween o Chisky (= de cheese cake, tarta de queso). "No faltan las Teófilas que son asmáticas (y usan teofilina) o las Dulcinas que son diabéticas".
Fernando Echevarri Olavarría se pregunta por qué, al referirnos a los generales del Ejército, lo corriente es designarlos con los dos apellidos. Recordemos Carrero Blanco, Muñoz Grandes o Aramburu Topete. La razón es que, en la Milicia, las personas son conocidas por los dos apellidos para que, a la hora de pasar lista, no haya duda sobre su identidad. Peor es la confusión en la lista de bajas en combate. Recuerdo que, en la mili, había que firmar siempre con los dos apellidos. Por cierto, en las actas de notas que firmamos los profesores en la Universidad también exigen que firmemos con dos apellidos. Lo que no tiene mucho sentido es la costumbre española de la rúbrica ilegible, el garabato.
José Manuel Monzón Serrano (Rivas-Vaciamadrid, Madrid), siendo empleado del desaparecido Banco Ibérico, conoció a una clienta que se llamaba Felicidad Paz y Amor. La realidad desborda la ficción.

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