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En uno de sus mejores relatos, Mar gruesa, Martin Amis describe la relación entre una madre y su hijo de 43 años, víctima de una extraña enfermedad:
Estaba allí sentado, lagrimeante, con su traje gris oscuro. Llevaba una sencilla camisa blanca, y, como siempre, una llamativa corbata. Alguna fuente de calor interna parecía alimentar aquellos ojos llorosos; si no fuera por ella, su cara obesa carecería penosamente de color, como un órgano interno dejado demasiado tiempo en una cubeta. La barbilla le caía sobre el pecho, y el pecho le caía sobre la panza (...). Su hombría se manifestaba en un pequeño y tímido colgajo que le sobresalía del pubis y del cual mamá, durante el baño, apartaba recatadamente la mirada. Sus ojos rezumaban un agua que le caía despacio por la cara, día y noche. Mamá lo amaba con todo su corazón. Era la misión de su vida: que John no sintiera ningún dolor.
Hace unos meses Sarah Palin, la candidata vicepresidencial por el Partido Republicano, dio a luz a un niño "a pesar de ser mongólico". También nos hemos enterado de que los esfuerzos de Palin y su marido por educar a sus niños en la castidad fueron en vano. Su hija Bristol decidió mantener relaciones sexuales sin protección con su novio y quedó embarazada. Se casará y tendrá a su hijo "a pesar de tener 17 años y de no haber terminado el instituto".
El martes José Antonio Antonio Alonso, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, anunció la modificación de la legislación sobre el aborto. El objetivo de la reforma es garantizar "las mejores condiciones" de respeto y atención médica a las mujeres. Se escucharán a "los expertos y a las mujeres", es decir, a ONGs feministas, que por lo visto son las representantes exclusivas de todas las mujeres de España. El feminismo radical, que desprecia a las mujeres que deciden quedarse en casa, casarse jóvenes o parir a un subnormal y pretende reeducarlas para que descubran de qué están hechas sus cadenas para romperlas, se ha convertido en política de Estado. Además de los trabajos de la subcomisión parlamentaria, el Ministerio de Igualdad redactará su propia propuesta, que seguro vendrá avalada por algunas lideresas del hembrismo hispano.
No entiendo el afán reformista del Gobierno. Hace décadas, muchas españolas abortaban en Londres. Ahora son las inglesas (y las danesas, y muchas más) las que vienen a Madrid y Barcelona para abortar. Como decía el anuncio de Margaret Astor, tantas mujeres no pueden estar equivocadas. En España se aborta mucho, bien y barato. Se lleva haciendo mucho tiempo, antes incluso del 11-M. Me temo que lo que antes no se quiso hacer, atajar los abusos y la promoción de la irresponsabilidad con el dinero de todos (cuántas campañas de sexo seguro para nada), no se hará ahora. Sucederá lo contrario: aborto libre sufragado con fondos públicos para quien lo quiera. Los mismos que protestan cuando algunas comunidades autónomas pagan operaciones de cáncer en hospitales privados aplaudirán que el Gobierno y las consejerías de Sanidad firmen conciertos con clínicas abortivas. De aquí a recetar el aborto "por nuestro bien" y el de las que más nos quieren hay un paso. El mundo al revés.
El motivo del aborto será lo de menos, porque claro, seguro que ellas lo hacen por necesidad, la que sea. Después de todo, a nadie se le puede obligar a cargar con un hijo no deseado. ¿Y si no es así? Pobrecita, será que es tonta o que los curas le han metido ideas raras en la cabeza. De aquí a poco alguna miembra del Ministerio de Igualdad emprenderá una campaña contra Mar gruesa y todas aquellas obras "natalistas que proyectan una imagen sesgada y patriarcal de la mujer y contribuyen a su sumisión mediante la maternidad. Nosotras parimos, nosotras decidimos". ¿Es demasiado pedir que al menos no lo hagan con mi dinero?
El caso de Sarah Palin y de varios de sus compañeros de partido, que han desfilado ufanos por las cadenas de televisión contando que ellos también tienen nietos de penalty o de madres solteras, demuestra las graves deficiencias de la educación puritana. La cabra tira al monte. Mejor mostrarle un camino seguro que construir muros que tarde o temprano echará abajo aunque sea partiéndose la crisma. Fomentar el aborto como si fuera el anticonceptivo ideal para las adolescentes embarazadas no sólo es un engaño, también es un riesgo para la salud física y mental de las mujeres. ¿Respeto? Más bien brutalidad.
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