
Les propongo un sencillo test para escapar del matrix de las identidades políticas cerradas, auto-contenidas y mutuamente excluyentes en el que seguimos encerrados. Lo importante no es acertar, sino la extrañeza que sientan al leer las respuestas.
Nunca fui marxista (ni siquiera marxiano). Tampoco me hizo falta Paul Johnson para percatarme de que en El Capital faltaba ciencia y sobraba teología barata. A mí, la hegemonía cultural de la izquierda siempre me hizo mucha gracia. La disfruté gracias al sabio Juan Trías, como quien se deleita con El señor de los anillos. Aún resoplo aliviado cuando concluyo la lectura de algún opus “izquierdista”.
En un artículo publicado en nuestra Revista de agosto, Horacio Vázquez-Rial lamenta la hegemonía de la izquierda en la historiografía del siglo XX. No le falta razón. Sin embargo, con su permiso, yo iría un paso más acá, comenzaría desprendiéndome de la engañosa dicotomía izquierda-derecha para sustituirla por una suerte de continuum multidimensional, que vaya del intervencionismo a la libertad de elección, y de forma inversa de la autodeterminación individual a las opresiones grupal y carismática. Sólo así seremos capaces de juzgar a los políticos por lo que hacen, no por lo que dicen, y entender que cosmovisiones e ideologías pertenecen al ámbito de la fantasía. Ironía, paradoja e imbricación son los principios rectores de la realidad.
Ahora que las elecciones americanas se acercan y que las británicas llegarán la próxima primavera, si es que el país resiste el blitzkrieg desencadenado por su actual primer ministro, el insufrible Gordon Brown, permítanme rematar este ejercicio de petulancia con una pequeña diversión. Les propongo un sencillo test para escapar del matrix de las identidades políticas cerradas, auto-contenidas y mutuamente excluyentes en la seguimos encerrados. Lo importante no es acertar, sino la extrañeza que sientan al leer las respuestas. El grado de perplejidad será directamente propocional al de enajenación partidista.
Las respuestas a las cinco primeras preguntas son todas nombres de políticos “de derechas”: Nixon (1), Barry Goldwater (2), Trent Lott (3), Margaret Thatcher (4), y por supuesto, George W. Bush (5). Jimmy Carter es la respuesta a la pregunta 6, y el Partido Laborista de Nueva Zelanda a la 7.
¿Sorprendidos? La coherencia es una falsa virtud que algunos intentan compensar a base de dogmatismo y cortedad de miras. Por eso a ZP le va tan bien (y pésimamente al resto). Los espectros de las dos Españas deambulan a sus anchas por el Congreso, las universidades y buena parte de la letra impresa de nuestro país. Horacio, querido, ¿tienes por ahí el número de los cazafantasmas?