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El odio de la SGAE

Cuando un representante de la SGAE plantea que si los derechos de propiedad intelectual no se protegen –de la manera que esta asociación entiende dichos derechos y su protección, claro– Internet desaparecerá, es posible plantearse si está haciendo un análisis equivocado o se limita a expresar un deseo. La revolución tecnológica de los últimos años, cuyo máximo exponente es Internet, ha dejado totalmente trasnochadas y sin justificación alguna (si es que alguna vez la tuvieron) a entidades como la presidida por Teddy Bautista.
 
La reacción de SGAE o AFYVE en España, RIAA en EEUU y otras entidades y asociaciones similares en todo el mundo ha sido la equivocada. No han tratado de adaptarse. Han pretendido, y siguen haciéndolo, que sea el resto del mundo el que frene de evolución para que ellos sigan manteniendo sus modelos de negocio. El "clan Bautista" justifica su existencia (y el jugoso negocio que supone para los pocos socios de la entidad controlan su funcionamiento) en aras de proteger a los autores. Ese discurso ya no traga.
 
Deben de odiar Internet. Se les nota. Criminalizan la Red de forma constante debido a que no la pueden controlar y supone una plataforma en la que no saben como ganar dinero sin haber hecho nada para merecerlo. También la rechazan debido a que ha sido el medio que ha permitido que los perjudicados por ellos, miles de personas, se expresen y enseñen al mundo una cara de la SGAE radicalmente distinta de la que esta muestra de sí misma. Es el territorio de esos "pendejos digitales" que no se callaron ante un abusivo e injustificado canon a los CD y DVD vírgenes. La imposición de ese sobreprecio a dichos soportes dio pie a un fenómeno inesperado por la asociación de Bautista, que continúa en la actualidad: una oposición real y una crítica constante y pública a la entidad de derechos de autor más poderosa de España.
 
El mundo actual es muy diferente al de hace sólo una década. Internet ha supuesto un cambio revolucionario al que gran cantidad de empresas y entidades han tenido que adaptarse. Lo han hecho, o al menos están intentándolo, los medios de comunicación, compañías de todos los sectores y administraciones públicas entre otros. El "clan Bautista" no lo ha hecho. Al contrario, trata de frenar la evolución y pretende que todo siga igual que hace una década.
 
Es simple. La SGAE debe reconocer que son nuevos tiempos. Una vez hecho eso, como entidad debe tomar una de estas decisiones: adaptarse y renunciar a muchos privilegios o desaparecer. Mejor que hagan lo segundo.