Con la excusa de un Premio Nacional del Blog, el Estado metería sus manos en el ámbito de las bitácoras. Terminaría utilizando el dinero de los ciudadanos para gratificar a los bloggers afines al poder político.
Feynman dijo el día 28 de Marzo de 2009 a las 08:35:12:
Pues eso, una auténtica barbaridad. No huelen bien los premios ni regalados por entes privados. Si los otorgan entes públicos es prácticamente seguro que existe algún tipo de filiación, seguidismo cuando no favoritismo entre premiado y premiante. Cuando los otorgan entes privados podrían estar distorsionando la independencia del blogger.
Pero al menos en el segundo caso el prestigio del premio depende de que ello no ocurra (o de lo contrario no serviría de nada tal premio), por lo que los entes privados procuran que si hay alguna erosión a la independencia del premiado sea poco aparante (más por "no hablar de" que por "hablar de"). Y en el primer caso el prestigio va en el pack, puesto que la propia denominación, arraigo y maquinaria estatal acompañan al premio con la promoción, bombo y platillo que haga falta, y todo ello con independencia de la calidad del premio en sí.
Además sería erosionar las bases de precisamente lo que hace que los blogs sean tan libres, distintos y expansivos: no hay intermediarios. No hay censores de por medio (China & Co. aparte), ni editoriales con fines empresariales (quizá legítimos, pero quizá equivocados o excesivamente restrictivos). En un blog está el blogger, el proveedor del servicio que no se mete en el contenido del blog, y el lector. Es el lector quien decide si el blog le gusta o no, no un intermediario el que filtra primero qué blogs son susceptibles de que le gusten al lector y por tanto los publica. Incluir cualquier tipo de premio o ayuda pública es introducir un intermediario en el sistema: el Estado decidiría a través de premios y subvenciones qué es bueno leer y qué no. Con premios quizá no coarten la libertad del resto de bloggers, pero a éstos les seguirán todo tipo de subvenciones, que por dispares y anticompetitivas terminarían por acabar con la libertad del blog en España.