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El quiero y no puedo europeo

La obsesión de los políticos europeos con Google resulta patética y paleta. Comandados por Jaques Chirac en todo lo que supone plantear "alternativas" al dominio de la compañía estadounidense, muchos dirigentes de los diferentes países del Viejo Continente demuestran un constante "quiero y no puedo" en un ámbito que está claro que no comprenden en absoluto, Internet.

El secreto del éxito del gigante on line no es otro que su buen funcionamiento, el dar a los usuarios lo que buscan. El masivo uso del buscador y de todas herramientas creadas a su alrededor no es producto de una intervención política, de hecho (con la triste excepción del caso chino) la compañía es reacia a plegarse a los deseos de los Gobernantes, incluidos los de su propio país. Sin embargo, Chirac y los suyos apuestan por todo lo contrario y desde sus despachos impulsan supuestas y posiblemente erróneas "alternativas". Deben de creer que gracias al discurso de "somos europeos" los internautas de este lado del Atlántico van a cambiar el sitio a través del que realizan su búsqueda web. Se equivocan totalmente. El único modo de que el usuario opte por modificar sus hábitos es darle algo mejor que aquello a lo que está acostumbrado.

Si la respuesta euro-paleta a Google Print es un error en casi todos sus aspectos, el futuro buscador no lo es menos. Ya el nombre elegido, además de hortera, es poco acertado: Quaero. Será latín, y por tanto europeo, pero resulta difícil de recordar para millones de europeos cuyos conocimientos de la lengua del Imperio Romano oscilan entre escasos e inexistentes. Es una cursilada con pretensiones de "alta cultura" y clasicismo ajena a la modernidad que implica la Red. Además se trata de una denominación y un dominio ya existentes en Internet. Al menos se podrían haber molestado en contrastar ese dato.

Otra cuestión es cuales van a ser las características en los resultados de búsqueda, como pretenden dar un "carácter europeo" al motor. Suponemos que haciendo que el buscador privilegie los vínculos a contenidos del Viejo Continente. Esto significa que los gobernantes y los burócratas, y no los internautas, decidirán qué es importante. En este caso el resultado final del invento está claro: rechazo por parte de los usuarios y fracaso total de Quaero. En la Red es muy difícil que el ciudadano se deje guiar por los políticos. La otra opción es... imposible. Sólo mediante el dirigismo y el gasto de dinero público puede imponerse un carácter "europeo", "español", "chino" o "burgalés" a un motor de búsqueda.

Gran parte de los políticos europeos no ha comprendido todavía el carácter global de Internet. Google no triunfa por la nacionalidad de la empresa o sus creadores, es el número uno por el simple hecho de que da a todos los internautas del mundo lo que buscan.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

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