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Las discográficas se adelantan a la SGAE

La conjunción de una política liberticida en Internet por parte de la Unión Europea con unos protagonistas del mercado musical totalmente contrarios a la evolución, da como resultado lógico la pretensión de crear auténticas aberraciones contra los derechos más elementales de los internautas. Cuando describí los Orwellsianos deseos de la SGAE aseguré que esta entidad "sueña con que la Red esté sometida a un sistema totalitario similar al descrito por Orwell en 1984. Un régimen en el que el Gobierno sabe en cada momento del día y la noche lo que dice y hace cada persona; con quien se relaciona y si expresa opiniones contrarias a sus intereses. Ya encontraría dicha entidad el modo y la excusa para que el Gobierno le turno le tuviera que proporcionar toda la información recogida, al menos aquella que le interese".
 
Por suerte ese totalitarismo on line no es una realidad, al menos por el momento. Sin embargo, desde el negocio de la música ya han aparecido quienes quieren utilizar en beneficio propio las liberticidas medidas producto de los euroburócratas. No ha sido la SGAE o alguna de sus primas españolas o extranjeras. Ha sido un importante sector de las empresas discográficas a través del grupo Alianza de la Industria Creativa y de Medios (CMBA, por sus siglas en inglés). De hecho, la pretensión de la CMBA contiene dos aspectos especialmente preocupantes referidos a la retención de datos ("protección de datos" en la neolengua de Bruselas). Uno de ellos es que los datos retenidos puedan ser usados para "combatir la piratería" en Internet, el otro es que el acceso y uso de esa misma información "no estén limitados".
 
Todo eso suena muy mal, realmente peligroso. La retención de datos es rechazable como medida contra el terrorismo, por suponer un atentado contra los más elementales derechos de las personas. A lo que hay que sumar que es una medida poco efectiva y con unos riesgos de uso ilícito de la información obtenida considerables. Pero usarla para perseguir unos delitos que no suponen un riesgo para la vida o la libertad de la población o la democracia resulta del todo demencial. Pero especialmente preocupante es esa pretensión de que el acceso y el uso de los datos retenidos "no estén limitados" en el ámbito de los derechos de autor. Las discográficas pretenden poder saber que hace cada uno de nosotros en Internet sin control alguno y utilizar esa información sin ningún límite legal. No quieren que el Gran Hermano esté a su servicio, quieren ser el Gran Hermano.
 
Ante las pretensiones liberticidas en la Red de la industria musical, los burócratas europeos y los políticos españoles y del resto del mundo democrático (en los demás países no son pretensiones, son políticas reales), los ciudadanos en general no deben bajar la guardia. Los internautas deben sumarse a cualquier iniciativa que sirva para denunciar el futuro que nos espera de continuar las tendencias actuales. En su día apoyé y di publicidad a la campaña Data Retention Is No Solution, hoy hago lo mismo con la Declaración por la Libertad de Expresión Digital.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

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