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Los raros de internet

Lo reconozco, soy un poco raro. Pertenezco a ese cinco por ciento de internautas que no utilizan el Internet Explorer. Cansado de la lentitud y la falta de seguridad me pasé a Ópera, para después saltar a Mozilla. Mi rareza ha resultado muy gratificante. Desde que abandoné el navegador de Microsoft tengo una relación con la Red mucho más positiva. Mis nervios han mejorado, puesto que ya no suelo desesperarme con unas descargas de páginas excesivamente lentas, la constante aparición de pop-ups y la instalación no deseada de todo tipo de software basura, desde dialers –molestos pero no peligrosos gracias a que me conecto por ADSL– hasta programas espías.
 
Además mi ordenador es más seguro. Mi navegador no ofrece todo tipo de facilidades a intrusos y virus. Sí, ya sé, ahora habrá quien me dirá que han descubierto un "agujero" en Mozilla. Pero uno sigue siendo un número muy pequeño si lo comparamos con las cifras correspondientes al Internet Explorer. Además, se ha alertado rápidamente y el parche ha llegado rápidamente. Algo radicalmente diferente a lo que nos tiene acostumbrados la compañía de Bill Gates.
 
Seré raro desde un punto de vista estadístico, pero considero que los realmente extraños son los que conociendo alternativas al Internet Explorer no las utilizan. Gran parte de ese 95 por ciento de usuarios que navega con el producto de Microsoft cree que su navegador es el único existente en el mercado. Muchos cambiarían a otro si alguien les explicara que es posible. Lo he comprobado. Personas a las que he recomendado el Mozilla, tras poner cara de extrañeza ante la existencia de otro navegador ("¿Cómo dices que se llama? ¿Morcilla? Menudo nombre, ¿y dices que es bueno?" Reacción auténtica presenciada hace menos de una semana) se lo han descargado y se han pasado la bando de los raros.
 
Sin embargo, hay otra parte de ese 95 por ciento de internautas que sí conocen alternativas al Internet Explorer. Han oído hablar de ellas, e incluso las han manejado en alguna ocasión. A veces incluso te llegan a reconocer que el navegador que han utilizado es mejor, que les ofrece posibilidades que con el de toda la vida no disponían. Sin embargo no cambian, renunciando a su propia seguridad y ayudando a que la Red sea un lugar algo peligroso para los ordenadores de todo el mundo. Eso si es una auténtica rareza.