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Orwellianos deseos de la SGAE

Si alguien exigiera la existencia de un sistema de control sobre los contenidos de las radios, televisiones y prensa escrita se le tacharía, y con razón, de autoritario. Si otro pretendiera que Correos o una empresa de mensajería debería ser responsable legal de lo que envíen sus clientes (por lo que estas compañías se verían obligados a abrir cada carta y paquete para comprobar su contenido) se le señalaría, también con razón, como antidemocrático. Si un tercero defendiera que todas las personas deben identificarse en cada momento del día a la hora de emprender una actividad cualquiera, como comprar un periódico o tomar un café; se le acusaría, una vez más con razón, de pretender imponer un Estado policial.
 
Si todas esas tres demandas fueran hechas, aunque ocurriera en momentos diferentes, por una única persona que estuviera representando a una organización, ambas (el grupo y su representante) serían acusados con toda la razón de dictatoriales y querer crear un sistema totalitario. Por suerte, fuera de grupos marginales de extrema derecha o ultraizquierda, en España nadie tiene demandas así… siempre y cuando se piense que quien navega en Internet o se dedica a dar servicios en ella pierde sus más elementales derechos como ciudadano mientras se mantiene conectado.
 
En España existe una organización que exige que en Internet sean obligatorias las tres medidas antes citadas, la SGAE. Lo ha hecho durante los últimos meses, siempre a través de su representante Pedro Farré y ningún medio de comunicación off line ni político alguno les ha acusado de nada. Es más, uno y otros han escuchado a la asociación de Teddy Bautista sin escandalizarse de nada y existe hasta una ministra, Carmen Calvo, encantada de convertir en realidad al menos uno de sus deseos.
 
La última de las perlas de Farré ha sido precisamente la de la "identificación especial" en Internet que impida el anonimato en la misma. No es muy diferente de lo que existe en Cuba, donde los particulares requieren un permiso de la dictadura castrista para conectarse, o de China. Es normal que a la SGAE le moleste el anonimato en la Red, al igual que la libertad de contenidos, puesto que muchos de los que la critican en Internet no dan su nombre (y tienen el derecho de hacerlo). Recordemos que a Teddy Bautista y los suyos les molestan esos pendejos electrónicos que osan defender sus derechos. Si les tienes identificados es más fácil combatirles.
 
En realidad la SGAE sueña con que la Red esté sometida a un sistema totalitario similar al descrito por Orwell en 1984. Un régimen en el que el Gobierno sabe en cada momento del día y la noche lo que dice y hace cada persona; con quien se relaciona y si expresa opiniones contrarias a sus intereses. Ya encontraría dicha entidad el modo y la excusa para que el Gobierno le turno le tuviera que proporcionar toda la información recogida, al menos aquella que le interese.
 
Deseando que el día en que todo eso ocurra no llegue jamás, nosotros seguiremos navegando y publicando en la Red. Unas veces daremos nuestro nombre y otras nos lo callaremos. Viva el anonimato y la libertad de expresión.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

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