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Canon de la SGAE

Qué me quede como estoy

Guillermo Rodríguez pedía en su carta a los Reyes Magos que "la SGAE, la RIAA y la MPAA desaparezcan. O siendo un poco más benévolo, que los dinosaurios que dirigen su rumbo sean sustituidos por personas que conozcan la realidad en la que viven". Tras rebuscar una y otra vez entre mis zapatos me he dado cuenta de que Sus Majestades de Oriente no nos han traído a los usuarios tan maravilloso regalo. Al contrario, esas arcaicas y tecnófobas entidades siguen ahí.
 
De todos modos, visto lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, yo me conformo con decir eso de "Virgencita, virgencita, qué me quede como estoy". Aunque ya no va a ocurrir, puesto que el nuevo año trae consigo un incremento del 30 por ciento en el canon de los CD y DVD vírgenes. Ante esa noticia, a uno le dan ganas de llamar a alguno de la SGAE y, tras felicitarle el 2005, gritarle la famosa rima por la que Ramón García evitaba decir la cifra. De todos modos podía ser incluso peor. Recordemos que tanto el Clan Bautista como la estadounidense RIAA han propuesto en más de una ocasión que se imponga el canon a las conexiones a Internet y a los discos duros.
 
Esto último es lo que ha ocurrido en Alemania, lo que demuestra que las cosas pueden ir a peor. Un tribunal ha condenado a Fujitsu Siemens Computers a pagar la compensación por copia digital (el canon) por cada ordenador nuevo que venda. Por supuesto, la entidad germana de derechos de autor ha dicho que el canon se va a imponer a todos los fabricantes de ordenadores que vendan en el país. El argumento es simple, exactamente el mismo que se aplica a los CD y DVD: da igual para que lo utilice usted, es posible almacenar música y películas en su disco duro. Igual de demencial que en España, donde las iniciativas del actual Gobierno son del total agrado de la SGAE.
 
Al menos consuela un poco saber que no todo le sale bien a la entidad de "Teddy" Bautista y que de vez en cuando se topa con un juez que aplica la lógica. Un magistrado de la Audiencia Provincial de Sevilla eximió recientemente a un bar de pagar a la SGAE debido a que, según indica la sentencia, la entidad tenía que haber presentado pruebas concluyentes de que los derechos de autor de la música ambiente del local eran gestionados por ella. Algo que no hizo. El tribunal aplicó algo básico en el derecho español: se es inocente mientras no se demuestre lo contrario.