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Ventanas

Un paso hacia la libertad

Hay noticias que a uno le crean la esperanza de que van a llegar mejores tiempos para la libertad de expresión en Internet en el mundo. No nos hacemos la ilusión de que dentro de poco se llegue a un estado ideal en el que desaparezca de lugares como China o Egipto la censura online y la detención de ciberdisidentes, o que en países como Cuba o Corea del Norte (cuyo Gobierno tiene la desfachatez de denunciar a su vecino del Sur por ir contra la democracia) se permita a todos los ciudadanos conectarse a la Red. Los avances serán mucho más lentos, pero hay iniciativas que marcan el camino a seguir.

Como era de esperar, la iniciativa que augura mejores tiempos no vienen de los gobiernos de los países democráticos, y mucho menos de los eurócratas, bastante cínicos en esta materia. Tampoco tiene su origen en la asociación de supuesta defensa de los Derechos Humanos que denuncia la censura sin denunciar a los censores o pide recortes a la libertad en materia de videojuegos. No. Se trata de una acción protagonizada por importantes compañías privadas del ámbito tecnológico. Varias de las empresas protagonistas de este importante paso tienen un lamentable historial de colaboración con gobiernos que persiguen la libertad de expresión, por lo que la noticia es doblemente buena. Y lo es debido a que augura que a partir de ahora cambiarán de comportamiento.

Yahoo! (que protagonizó el más lamentable episodio de complicidad con el liberticidio chino), Google, Microsoft y Vodafone están colaborando con organizaciones de Derechos Humanos y de libertad de prensa para elaborar un código ético con el que guiarse para no volver a actuar como cómplices de aquellos gobiernos que no respetan la libertad de expresión o la privacidad de los usuarios de Internet. Es un importante paso. Si estas compañía se dotan por propia voluntad a unas normas de este tipo es más fácil que las cumplan que si se les señala con el dedo acusador desde gobiernos como los europeos, que no dudan en ser cómplices de los regímenes totalitarios y autoritarios por cuestiones, suponemos, de un erróneo realismo político.

Sin duda alguna ha habido elementos externos que han ayudado a que los gigantes puntocom hayan dado este primer paso consistente en tratar de dotarse de un código que les obligue a no colaborar con los enemigos de la libertad de expresión. El hecho de que miles de ciudadanos de todo el mundo hayan denunciado a cada una de estas compañías cuando se han convertido en colaboradoras de los tiranos ha ayudado. Las empresas son muy sensibles a la cuestión de imagen, y esto es un producto de ello. También es necesario, eso sí, que los directivos terminen por aceptar (por convicción o por interés) que el hecho de que los internautas de todo el mundo puedan expresarse en libertad es algo positivo en si mismo. Esta idea es la que no ha llegado a demasiados gobernantes del mundo occidental, que siguen callando contra las violaciones de los derechos humanos en demasiados países sometidos a dictaduras.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

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