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Paz en la propaganda y odio en la mirada

Si hay algo urgente para salir de esta colosal farsa democrática es restaurar la verdad en Cataluña.

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Si hay algo urgente para salir de esta colosal farsa democrática es restaurar la verdad en Cataluña. Hoy, el Estado de Derecho pasa allí por opresor y quienes atentan contra él, por demócratas. Vale todo, también la mentira programada, diaria, sistemática. Es tan grosera la alteración de la realidad, que la actuación policial más planificada de la historia de España para aguantar cualquier humillación con tal de no dar una imagen violenta ha sido convertida por el relato construido por el Gobierno de la Generalidad y TV3 en tapadera para ocultar su desprecio por el Estado democrático de Derecho. La ecuación es muy sencilla: como no nos dejan hacer legalmente lo que queremos hacer, nos tomamos la libertad de hacerlo contra la ley.

Todo es mentira, fraude, una estafa adobada de cinismo e hipocresía. Hablan ante las fuerzas de seguridad de la no violencia, pero llevan odio en la mirada. Reparten claveles y escupen víboras por la boca. Exigen respeto a la legalidad y se reúnen como hordas enfurecidas para acosar a las fuerzas del orden, insultarlas, humillarlas, apedrearlas y expulsarlas de su tierra. ¿Dónde hay más odio, violencia, rencor, en las porras de los guardias o en la lengua y los ojos de los defensores del derecho a decidir que los acosan?

No busquen en la alteración del orden público o en la declaración unilateral de independencia la más grave amenaza a la convivencia. Es mucho más grave la actitud de una parte significativa de la sociedad catalana, instalada en una verdad paralela, construida con mentiras y xenofobia, donde los hechos, la legalidad y la razón no rigen. Sólo importan los deseos y las emociones compartidas con la tribu.

Dice la psicología de café que la realidad no es lo que es, sino lo que cada cual percibe que es. Hoy, en Cataluña, ese relato mediático inducido por el odio a España ha cuajado. Y, lo que es peor, ya no guarda las formas, entra a saco en tu casa con TV3, invade la radio de tu coche, te acribilla en las RRSS, y ha tomado las escuelas con la furia de un ejército vencedor. Ya no hay sitio para la diferencia, ni paciencia para dialogar con ella, el diferente es ridiculizado, acosado y reducido a enemigo, señalado, tatuado, despreciado. Y sólo son niños, todo lo más adolescentes.

¿Qué sociedad es aquella que no se levanta contra quienes tienen la desfachatez de tomar el Parlamento al asalto, crear una legalidad paralela a la legalidad constitucional, arrinconar al órgano de garantías estatutarias del propio Parlamento, pisotear su propio estatuto, desposeer de derechos a la oposición, convocar un referéndum ilegal, y llevarlo a cabo sin ninguna garantía ni transparencia, y sin embargo es capaz de hacer una huelga general contra unas fuerzas del orden por intentar hacer cumplir las órdenes judiciales que pretenden restablecer la legalidad democrática?

Una frase de uno de los miles de niños lobotomizados por esta colosal manipulación escolar, colgada de la verja del colegio Mas Casanovas, de Barcelona, lo decía todo: "Ens volen enterrar i no saben que som llavors!" ("Nos quieren enterrar y no saben que somos semillas"). Esa ingesta envenenada me ha recordado otra no menos terrible de tiempos pasados: "Cuando veo a esas gentes de derechas o de izquierda encerradas en sí mismas pensando: 'A nosotros no nos conseguiréis nunca', pienso: me da igual, a vuestros hijos sí los tendremos. A estos los educaremos desde el principio en el ideal" (Adolf Hitler)

La mentira lo pudre todo, pero para que la mentira se imponga a la verdad es necesario que alguien la crea. Por engaño o conveniencia. Y este alguien es cómplice necesario de sus consecuencias. No nos podemos engañar más, hoy en Cataluña hay cientos de miles de personas corrientes que están colaborando con la mentira. Y unos medios de comunicación que les dan todas las coartadas para perpetuar sus crímenes colectivos. TV3, Catalunya Ràdio, RAC1 deben ser intervenidas. Sin eso, la eficacia de las fuerzas del Estado será inútil. La apología del terrorismo, la apología de la secesión y la rebelión no son derechos, sino delitos contra la libertad de expresión.

PS: ¿Cuándo se dará cuenta el Gobierno de que el Ministerio del Interior ha de tomar el mando de los Mozos de Escuadra?

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