
El problema de España es la deuda total, es decir, la suma de deuda pública y privada, consideradas en su conjunto, no por separado.
En el último tiempo se debate sobre cuál es el problema auténtico y más importante de la economía española, si la deuda pública o si la deuda privada. ¡A ver si nos aclaramos! Si el problema es el exceso de deuda pública, entonces la culpa será de las Administraciones Públicas y del Gobierno; pero si el problema es de la excesiva deuda privada, entonces el responsable de nuestra delicada situación es el sector privado, es decir, el mercado y la libertad económica.
No es de extrañar, pues, que suene apetitoso para muchos el culpabilizar a la deuda privada de los problemas actuales: la mejor manera de exonerar los fallo del Estado y echarle las culpas al Mercado. De hecho, algunos economistas se apresuran en señalar que la deuda pública no es el problema sino que es la deuda privada. Así parecen sugerir que el problema realmente no es del estado ni del intervencionismo sino del mercado. Pero, no vayamos tan rápido. Paremos aquí y analicemos lo anterior.
Antes, pongámonos en contexto, con unas palabras de Carmen Reinhart, co-autora del reciente libro This Time is Different y, experta en crisis financieras y de deuda, en una entrevista concedida a La Vanguardia: “El perfil de la deuda pública española no me parece que sea más motivo de alarma que el de muchos otros países. El globo hinchado en España es la deuda privada.” El periódico catalán supo aprovechar estas palabras para titular su entrevista como: "En España el problema es la deuda privada, no la pública".
En primer lugar, quizás el debate no esté bien dirigido, en el sentido de que no haya que elegir entre una u otra posibilidad, uno u otro culpable, sino que realmente el problema sea la deuda total, es decir, la suma de deuda pública y privada, consideradas en su conjunto. Aunque normalmente suela hacerse más hincapié en la deuda pública (exigiéndose límites como los del Pacto de Estabilidad y el Crecimiento, que ahora han quedado en papel mojado), deberían considerarse en su conjunto para valorar la situación de endeudamiento de la economía, y evaluar si podrá haber problemas en la capacidad de repago de esa deuda.
En segundo lugar, sería un non sequitur (una conclusión que no se sigue de las premisas, salvo dando un salto en el vacío) el culpabilizar a los mercados libres o al sector privado sin más, por el hecho de que el problema más importante sea el de la deuda privada. Las razones son varias:
Por último, cabe preguntarse: ¿es la deuda pública un problema en España? Los que piensan que no suelen responder con otra pregunta: ¿cómo va a serlo si tiene un nivel de Deuda/PIB inferior a la mayoría de países? Cierto, pero hay que añadir varias consideraciones:
En definitiva, unas cuentas públicas que se han deteriorado brutalmente en cuestión de días, y una economía productiva con unas previsiones muy poco halagüeñas. Y los impuestos no salen de la nada, sino de la riqueza que se va generando en el país, por lo que un panorama de creación de riqueza muy limitada tiene repercusiones claras para las cuentas públicas.
Que cada uno decida, pues, si la deuda y las cuentas públicas son o no un problema. Quizás lo peor esté por llegar, con una posible oleada de dificultades en el sistema bancario español que haga muy tentador la intervención pública en cajas y bancos. Pero no hay que preocuparse: Elena Salgado considera nuestro sistema financiero como “absolutamente solvente”. Uf, ¡qué alivio!
Artículo elaborado por Ángel Martín Oro, colaborador de Libertad Digital, miembro del Instituto Juan de Mariana y autor del blog Procesos de Aprendizaje.

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