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La gran crisis de nuestras vidas

Guía para entender la crisis 2007-201X (I). Comienza aquí una serie de seis artículos sobre la crisis económica. Con dosis de incorrección política, se analizan los antecedentes, el presente y el futuro del desastre. Alejandro Macarrón Larumbe.

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“Para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada”
(H L Mencken, periodista norteamericano)

“Los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos”
(Julio César)

La actual crisis económica, la mayor sufrida en edad adulta por casi todos los que lean esta serie de artículos -quienes saben de economía la equiparan con la Gran Depresión que siguió al hundimiento bursátil de 1929-, no es sólo un "estado de ánimo" pasajero, como le gustaría al antiguo rey del talante.

Nos hemos preparado a conciencia para ella, según el profesor Juan Velarde. Y como casi todos los desaguisados humanos de magnitud descomunal, tiene múltiples causas: normales con el devenir de la economía y sus ciclos, técnicas, morales, internacionales y nacionales.

En España, en concreto, en los últimos años hemos acumulado tal cantidad de deuda privada y de dependencia financiera del exterior, de viviendas construidas por encima de nuestras necesidades y con precios cada vez más hinchados, y de lujos de nuevo rico que lastran nuestra economía (sobre todo, relacionados con el sector público, pero no sólo), y nuestra competitividad exterior se ha deteriorado tanto, que una gran crisis tenía que llegar por aquí tarde o temprano.

Entre otras razones de peso, porque últimamente nos habíamos instalado en un modelo económico "dopado" con dinero foráneo prestado: para seguir funcionando, necesitábamos unos 100.000 millones de euros en créditos frescos cada año del extranjero para impulsar nuestro sector privado. Y como ahora el mundo exterior ya no tiene ese dinero para dejarnos, por su propia crisis, el batacazo nacional está siendo de aúpa.

Astroc, el primer aviso

El primer aviso serio de la crisis en España llegó con el desplome bursátil de Astroc en abril de 2007, señal precoz del estallido de la burbuja inmobiliaria. Y en el extranjero, los primeros escapes de gases sulfurosos que indicaban que el volcán financiero podía entrar en erupción, aparecieron en agosto de 2007, cuando se paralizó el mercado interbancario, un suceso de extrema gravedad de la que no se tomó la suficiente nota por parte de las autoridades y agentes económicos.

En España, de hecho, el desempleo empezó a crecer de forma consistente tras esa crisis financiera de agosto (en el cuarto trimestre de 2007, y más aún, en el primer trimestre de 2008). Y aunque a los políticos con mando en plaza la palabra crisis les producía sarpullido, y por ello hablaban de “desaceleración”, el incremento del paro de finales de 2007 y comienzos de 2008 era una señal inequívoca de que las cosas no iban bien en España desde hacía cierto tiempo. Las empresas no dejan de contratar ni se ponen a despedir personal masivamente al primer revés temporal en sus ventas. Obran así cuando la tendencia negativa es clara y consistente.

Por fortuna para ZP y los suyos, el hundimiento financiero-bursátil de otoño de 2008, y el hundimiento subsiguiente de la economía mundial, permitieron a nuestro gobierno admitir, por fin, que estábamos ante una crisis de caballo, aunque eso sí, echándole la culpa de todo a Bush y a los codiciosos financieros yanquis, que ya se sabe que el mejor amigo del hombre en el reino animal no es el perro, sino el chivo expiatorio.

El dinero fácil de la banca central

Desde entonces, tras bajar los bancos centrales los tipos de interés a niveles próximos a cero, e inyectarse masivamente liquidez al sector bancario desde el sector público -terapia similar a darle más droga al adicto con síndrome de abstinencia, pues el dinero barato y abundante ha sido uno de los grandes causantes de la crisis, si no el mayor-, se ha logrado calmar un pánico financiero que amenazaba en casi todo Occidente y otras partes del mundo con desembocar en una retirada masiva de depósitos de las entidades bancarias, seguida de la quiebra de muchas de ellas.

Ahora bien, calmar a base de droga la crisis de ansiedad del drogadicto con “mono” no es curarle, sino sólo evitar que muera por shock agudo. Tras estabilizarlo, para que de verdad sane, procede que siga una incómoda terapia de desintoxicación (en economía, "reformas estructurales", las cuales no está habiendo el coraje de poner en marcha).

Y aunque el sector privado (empresas y particulares) se está ajustando y haciendo los deberes porque no le queda otra, aunque en algunos casos no con la celeridad idónea –como los precios de los inmuebles en España, cuyos dueños se resisten en su gran mayoría a bajarlos ese 30% o más que aún les sobra, según los expertos, para que se reactive la demanda- la mayoría de los gobiernos y administraciones públicas en todo el mundo, y el gabinete ZP como el que más, apuestan por superar la crisis a base de medidas indoloras.

Esto, esencialmente, supone endeudar de nuevo el sector público hasta las cejas, y crear un problema potencialmente mayor para el futuro, confiando en que escampe cuando llegue la reactivación de la economía internacional.

El presente es lúgubre, con cifras de paro abultadísimas y creciendo (maquillajes estadísticos y cifras no desestacionalizadas por razones electorales aparte), los principales indicadores de la actividad económica en caída libre, y una morosidad disparada que augura en España nuevos casos como el de la Caja de Castilla La Mancha.

Y aunque debatamos en la actualidad si hay o no “brotes verdes”, nadie puede asegurar a ciencia cierta todavía, tras un primer cuatrimestre de 2009 dantesco, que los pequeños destellos de luz que puedan vislumbrarse sean indicios serios y consistentes de recuperación, y no meros “repuntes técnicos” o lucecitas aisladas. O simplemente, caídas menos bruscas de la economía, pero nuevas caídas al fin y al cabo. Por desgracia, tiene pinta de que el actual malestar económico va para largo.

En cuanto a la evolución de la crisis a medio y largo plazo, el futuro de nuestra economía es un libro todavía por escribir, y toda la sociedad, con nuestros políticos y élites económico-sociológicas a la cabeza, seremos sus autores. En España, en los últimos cincuenta años, cada vez que hemos realizado planes de ajuste y reformas valientes desde el sector público, hemos salido con vigor renovado de las graves crisis a las que nos hemos enfrentado. En cambio, como demuestra la triste historia económica de Argentina en la segunda mitad del siglo XX, o la muy mediocre trayectoria del Japón de los últimos diecisiete años, si no se sanea y reforma lo que lastra la economía, de las crisis no se sale de forma automática.

La necesidad de reformas estructurales

La buena noticia es que, pese a haber en España tantas cosas por arreglar, seguimos siendo un país con excelentes bazas sobre las que asentar nuevos períodos de expansión económica. Por ello, muy probablemente, si sólo corrigiésemos un 50% de nuestros numerosos lujos de nuevo rico, la economía nacional resurgiría con brío en no mucho tiempo, como sucedió en el pasado cada vez que nuestros gobernantes tuvieron redaños para acometer reformas estructurales / liberalizadoras.

¿Nos atreveremos a abordar las reformas y cambios que hay que hacer? ¿O por el contrario, nuestros gobernantes se abonarán al populismo y a las huidas hacia adelante con el refrendo de la mayoría del electorado español, abocándonos a estancamientos crónicos como el de Japón, o lo que sería aún peor, a algo parecido a lo sucedido en Argentina o Venezuela? En los siguientes artículos intentaremos arrojar algo de luz sobre éstos y otros aspectos clave del pasado, presente y futuro de la gran crisis 2007-201X.

Alejandro Macarrón Larumbe
Consultor de Estrategia de Empresas y Finanzas Corporativas

Comienza aquí una serie de seis artículos sobre la grave crisis económica que nos aflige, publicados en el diario Expansión entre el 25 y el 30 de mayo de 2009. En ellos, con buenas dosis de incorrección política, se analizan los antecedentes, el presente y el futuro de este desastre. La serie está basada en una conferencia que el autor pronunció a finales de marzo de 2009 en el Círculo de Crítica Política del ACdP – CEU.


El presente artículo fue publicado en Expansión el 25 de mayo de 2009.

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