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En espiral

iPads y coches eléctricos

Estos días la discusión favorita entre los tecnófilos es si el iPad tendrá éxito o no. De momento Apple ya ha vendido algunos cientos de miles, lo que no está nada mal. Hay quien dice que el iPad es a un ordenador como un descapotable a un coche, una segunda opción para pasarlo bien cuando las condiciones lo permiten. Hay quien dice que será el ordenador de los que nunca han querido un ordenador. También hay quien afirma que aunque sirve para navegar, para ver vídeos, para leer libros o para jugar, no hace bien ninguna de estas cosas.

El iPad triunfará si Apple consigue convencer a un número suficiente de clientes para que le entreguen a cambio del aparatito unos cuantos cientos de euros. A los que preferimos esperar a los tablets con Chrome OS, que alguien decida comprar uno de los juguetes de Jobs nos es indiferente. No les vamos a pagar una parte, ni tendremos que asumir las pérdidas de Apple si el proyecto no tiene éxito.

Por el contrario, la última idea de nuestro Gobierno es que necesitamos coches eléctricos. 70.000 de ellos en un par de años, nada menos. También hay opiniones divididas respecto a los coches eléctricos. Los hay quien los defiende porque suponen disminuir nuestra dependencia del petróleo. Otros argumentan que contaminan menos, o que emiten menos CO2. Pero también hay quien piensa que aún la tecnología no está madura, y que los tiempos de carga de las baterías, por ejemplo, los hacen inviables como sustituto de los vehículos tradicionales.

La diferencia es que en este caso todos vamos a contribuir a que 70.000 individuos compren su vehículo eléctrico. No importa si usted está en paro, si tiene otras prioridades, si es un insolidario partidario de los SUV o si está tan concienciado que sólo se mueve en transporte público y/o bicicleta. Ni siquiera si, puestos a darse un capricho, elegiría un iPad antes que un coche eléctrico. Entre todos vamos a pagarles a cada uno de los afortunados compradores de coches eléctricos la nada despreciable suma de 8.400 euros.

Si la apuesta de Apple sale bien, unos cuantos afortunados tendrán un dispositivo útil, que les compensará el precio pagado por él. Otros fabricantes verán una oportunidad de negocio, y ofrecerán productos parecidos, más baratos, o con más prestaciones, con lo que todos los interesados en esa tecnología ganaremos. A los demás no les costará un céntimo. Si sale mal, sólo Apple perderá. En el caso de los coches eléctricos de Zapatero, casi todos hemos perdido antes de empezar a comprarlos, porque pagaremos una parte, queramos o no. Ganarán unos cuantos fabricantes, que tal vez no los hubieran vendido sin la subvención, y ganarán los que decidan comprarlo aprovechando que sus vecinos están obligados a pagar una parte del capricho.
Borja Prieto es autor del blog Desencadenado.
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