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Cuba: lecciones de una excarcelación anunciada

La puesta en libertad de Raúl Rivero y de otros tres prisioneros es la demostración de que la firmeza acaba por vencer la resistencia de la dictadura. Castro no ha excarcelado a estos presos de conciencia como una concesión al Gobierno de Zapatero y a su oferta de intentar que la Unión Europea suavice su política frente a La Habana. Castro ha utilizado al Gobierno de Zapatero como coartada para comenzar a corregir el costoso crimen de haber hecho condenar a 75 inocentes en la primavera de 2003 a penas de hasta 28 años de cárcel por escribir artículos críticos, prestar libros prohibidos y solicitar un referéndum que la ley autoriza. Ese acto de barbarie le costó la ruptura con la izquierda ilustrada y un enfrentamiento severo con las democracias más acreditadas. Castro tenía que buscar una forma de enmendar ese disparate y el Gobierno de Zapatero le sirvió de pretexto.
 
Hay que felicitarse de que unos cuantos demócratas de la oposición hayan sido devueltos a aus hogares –tres de ellos muy enfermos–, pero sin olvidar que otros centenares continúan tras las rejas y en condiciones terribles, como sucede, entre otros, con el médico Oscar Elías Biscet, con Antúnez y con tantos disidentes, algunos de los cuales están presos, aislados y maltratados frecuentemente desde hace varios años.
 
Hace bien el Gobierno de Zapatero en pedir la libertad de todos estos perseguidos políticos, pero la manera de protegerlos a ellos y al resto de la oposición democrática cubana es con una política de cero tolerancia frente a cualquier conducta represiva de la dictadura. Durante casi medio siglo Fidel Castro ha estado jugando con la buena fe de los gobiernos democráticos que se interesan por la suerte de los disidentes dentro del país. Para el Comandante la liberación de presos políticos ha sido una moneda de cambio con la que paga favores y abre falsas esperanzas que inmediatamente desmiente con nuevos prisioneros. La postura correcta es la señalada por D. Javier Solana: “La Unión Europea no le va a dar nada a cambio al Gobierno cubano por enmendar un crimen”.
 
Si realmente se quiere ayudar a los cubanos, manténgase sin fisuras una posición de firmeza hasta que en en ese país se ponga fin a la última dictadura estalinista de Occidente y haya elecciones libres y plurales. Bajar ahora la guardia sólo serviría para prolongar la agonía de ese pueblo.