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Columna publicada el 31-05-2004
Ha muerto en Roma Valerio Riva, periodista, ensayista, editor, crítico literario, polemista, traductor al italiano de grandes escritores latinoamericanos, a los que generosamente les abría sus casas de Roma y Milán. Tenía 74 años cuando lo sorprendió la muerte el pasado 26 de mayo.
Valerio Riva, quien alcanzara gran notoriedad como editor, cuando lograra sacar clandestinamente de la URSS el manuscrito de Doctor Zhivago, la novela de Boris Pasternak, fue fundamental para la divulgación en Italia de novelistas como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza. Si la muerte de Valerio Riva es para la literatura lo que los redactores de notas necrológicas llaman “una pérdida sensible”, para los demócratas cubanos es doblemente dolorosa. En efecto, durante al menos los últimos veinte años, Valerio Riva, junto a su esposa Matilde, excelente traductora, denunció constantemente los peores aspectos represivos de la dictadura castrista y prestó apoyo moral y material a numerosos disidentes cubanos que viajaron a Italia en busca de solidaridad política.
El origen de esa cálida relación con los cubanos proviene de la década de los sesenta, cuando Valerio viajó a Cuba junto al editor Feltrinelli con el propósito de escribir una biografía de Fidel Castro. Tras varias semanas de convivir y compartir con Fidel Castro, llegó a la conclusion de que el comandante barbudo, en lugar de ser el héroe mítico que dibujaba la prensa europea, era un dictador comunista que había decidido convertir la Isla en un satélite de los soviéticos.
Precisamente, la última obra extensa de Riva, titulada “L’oro da Mosca” (“El oro de Moscú), publicada en 1999, fue una exhaustiva revelación de las diversas y copiosas maneras en que la Unión Soviética, por medio del KGB, financiaba al Partido Comunista Italiano. El libro fue escrito con los documentos aparecidos en la URSS tras la desaparición del gobierno comunista.

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