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Columna publicada el 10-02-2005
Recuerdo cuando el diario New York Times era considerado un gran periódico, serio y confiable. Pero cada día es más evidente que la ideología izquierdista de sus dueños y directivos no sólo predomina en sus editoriales y columnas de opinión, sino que afecta y distorsiona gravemente la presentación de las noticias.
La competencia en el mercado imponía un alto grado de confiabilidad y exactitud en los reportajes de la prensa. En todas las ciudades grandes de Estados Unidos solía haber no menos de dos diarios. La televisión y luego internet acabaron con casi todos los diarios vespertinos, los cuales frecuentemente tenían una línea editorial más centrista o más conservadora que los matutinos. A su vez, a los grandes anunciantes nada les interesa lo que digan los periódicos, sólo su circulación y penetración en el segmento del mercado al que apuntan. Y esto no sólo ocurre en la prensa; también vemos cómo los noticieros y comentarios de la cadena NBC, que pertenece a una de las más antiguas y exitosas empresas –General Electric–, y de Univisión, que pertenece a tres grupos “capitalistas” de EEUU, México y Venezuela, distorsionan diariamente las noticias con su marcado sesgo izquierdista. Y de CNN, ni hablemos.
Lo que me impulsa a escribir sobre este espinoso tema es el reciente “reportaje” de dos mil palabras de Harry Rotter en el N.Y. Times –reproducido por muchos diarios del continente– donde se distorsiona descaradamente el extraordinariamente positivo resultado de la privatización del Seguro Social en Chile. Su propósito es debilitar el plan del presidente George W. Bush en la promoción de una sociedad de propietarios, contrario a la visión socialista de ciudadanos crecientemente dependientes de las limosnas del gobierno. Uno de los principales pilares de esa sociedad de propietarios es la modernización del sistema de pensiones, de manera que los trabajadores sean dueños de sus propios ahorros, puedan convertirse en accionistas y participar en el éxito y crecimiento de las empresas norteamericanas. La gran diferencia con el actual sistema estatista es que lo que hoy es un impuesto se transformaría en una inversión para todos los trabajadores.
Mientras el promedio de la rentabilidad de los aportes al Seguro Social en EEUU es de menos de 1%, el promedio en Chile a lo largo de 25 años ha sido de 10,1%.
Pero Rotter escribe: “Incluso, muchos trabajadores de clase media que contribuyeron con regularidad han descubierto que sus cuentas privadas, cargadas con tarifas ocultas que absorbieron casi la tercera parte de la inversión original, no producen tantos beneficios como los que habrían recibido si se hubieran quedado con el viejo sistema”. Eso, simplemente, no es verdad. Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs) en Chile cargan una comisión promedio de apenas 0,70%, cantidad muy inferior al promedio de las comisiones de los fondos mutuales en EEUU y el sistema ha sido uno de los principales motores del auge económico chileno, crecimiento muy superior al del resto de América Latina.
Lo que Rotter no menciona es que el actual gobierno socialista chileno ha reducido considerablemente la flexibilidad de las leyes laborales, aumentando así el costo de mano de obra a las empresas y, consecuentemente, haciendo crecer al sector informal, donde no se contribuye a las AFPs.
© AIPE
Carlos Ball es director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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