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Columna publicada el 25-04-2005
Es ilegal en la Florida, durante alguna emergencia, aumentar los precios de cualquier producto o servicio por encima del promedio de los últimos 30 días. El ejemplo más frecuente ocurre durante la temporada de huracanes. La idea suena muy bonita, pero el resultado no lo es porque la burocracia hace todo lo posible por impedir que en el momento en que más se necesita un producto y algún servicio sea muy poco atractivo hacer el esfuerzo extraordinario de proveerlos.
Quizás la mejor manera de explicar la naturaleza del problema es con un ejemplo histórico. En 1584, la ciudad de Amberes estaba sitiada por el ejército del duque de Parma y, como era de esperarse, los alimentos comenzaron a escasear y sus precios a subir. Entonces, el gobierno decidió hacer lo que políticos y burócratas suelen imponer a lo largo de 40 siglos de historia universal: decretaron precios máximos para cada producto alimenticio y fijaron severas penalidades a los infractores, denunciándolos como “especuladores y acaparadores”.
El bloqueo impuesto por el duque de Parma no era totalmente efectivo y valientes mercaderes lograban burlarlo, introduciendo embarcaciones cargadas de alimentos en la oscuridad de las noches sin luna. Pero, a raíz de los decretos de control de precios, los mercaderes se dieron cuenta que los alimentos transportados con tan grandes dificultades no se podían vender en Amberes a precios más altos que en otras ciudades, donde se podía comerciar libremente, sin arriesgar sus vidas, sus embarcaciones y sus capitales.
Los precios “justos” de los alimentos dejaron así de guardar relación con la oferta y la población de Amberes procedió a consumir vorazmente todos los alimentos hasta llegado el día en que la gente horrorizada se percató del total desabastecimiento. De repente, el bloqueo impuesto por las mismas autoridades de Amberes resultó ser mucho más efectivo que el bloqueo del enemigo. Y los ciudadanos corrieron a abrir los portales de la ciudad y a darle la bienvenida al hasta entonces temido ejército enemigo.
Apuesto que a los políticamente correctos maestros de las escuelas gubernamentales jamás se les ocurriría enseñarles esa historia a sus alumnos, mientras que los medios de comunicación prefieren denunciar la “especulación” de comerciantes “inhumanos” que profundizar sobre el problema.
El mecanismo de los precios libres nos asegura que de haber un cambio dramático en la oferta o demanda de algún producto o servicio, tanto los comerciantes como los consumidores responden de inmediato tanto a la nueva información como a los nuevos incentivos. Por eso los países capitalistas son prósperos y los países socialistas miserables.

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