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Columna publicada el 09-09-2002
En muchas de sus declaraciones y en bastantes de sus poses, el presidente Chirac se parece a ciertos socialburócratas europeos, con la peculiaridad del gaullismo, o sea un intento de superar derecha e izquierda, a favor del nacionalismo, intento en el que acaba de quemarse sus angostas alas Jean-Pierre Chevenement, y que a menudo consiste en elegir lo peor de cada bando. El discurso de Chirac sobre Irak, pongamos, se parece al de Schröder, y sus parrafadas en Johanesburgo, hubieran podido ser pronunciadas por Jospin. Como en esa cumbre hubo de todo y, sobre todo, un despilfarro de dinero y una tormenta de demagogia, también hubo, apenas oída, y nada escuchada, alguna declaración de sentido comun, a favor de la mundialización liberal, como cuando los sureños criticaron las políticas agrícolas europeas y norteamericanas, ultra protegidas y subvencionadas, que les impiden exportar sus productos, y no sólo agrícolas, pero de eso, nada, claro, de Chirac a José Bové, el frente nacionalista galo funciona a las mil maravillas, y además con la coartada ideológica, que ellos defienden a los países pobres contra el imperialismo yanqui.
Que Francia, con su política colonialista en África desde hace decenios, dé lecciones de moral y de “desarrollo duradero” al mundo entero, me parece francamente obsceno. Pero como Francia es, pese a todo, una democracia, las exageraciones más vistosas de esa política colonialista pasan ante los tribunales, con los escándalos de ELF y el encarcelamiento de varios de sus dirigentes, el tráfico de armas en Angola, las subvenciones a dictadores y muchas más cosas protegidas por el “secreto defensa”. Si Chirac dice lo mismo que Solana, y ya es decir, sobre Irak, también es cierto que Washington lo está haciendo muy mal, con todas esas declaraciones, amenazas verbales y otros retablos, sin maravillas. Que la dictadura Irakí sea tan monstruosa como peligrosa, es una evidencia, pero no es la única: Corea del Norte, Siria, Libia, Cuba y un larguísimo etcétera, no faltan dictaduras por el ancho mundo. Aun admitiendo que el caso de Irak sea más urgente que otros, dos observaciones se imponen. Una política: ¿después de Sadam Hussein, qué? Y otra militar ¿no sería mejor menos discursos y más acción?. Tal vez la Casa Blanca crea que tiene que lograr el más amplio apoyo antes de actuar, pero lo único que está logrando es una oposición cada vez más amplia.
Pasando de la tragedia a la comedia, Jean-Jacques Aillagon, quien cada día quiere parecerse más a Jack Lang, ha manifestado, en su nombre y en el del Presidente y primer ministro, su inquietud por la venta de todo el sector editorial de Vivendi, las autoridades y la prensa temen que caiga en manos yanquis. Lo que yo me pregunto es: ¿por qué han vendido hace un par de años a Vivendi? ¿Por qué un veterano editor como Olivier Orban, pongamos, ha vendido Plon al megalómano de Jean-Marie Messier, quien soñaba con comprarse Hollywood, y para nada le importaban los diccionarios Larousse? Habrán sucumbido, como tantos, a la fascinación del becerro de oro, pues que se fastidien ahora.
En los comentarios y reportajes sobre el 11 de Septiembre 2001, noto, apenas disimulada, una malévola alegría en la prensa francesa. Y en la española ¡no digamos!

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