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Columna publicada el 18-04-2001
Instrumentos de vuelo o Jospin en televisión
Lionel Jospin me fastidió el programa. Movido por mi portentosa conciencia profesional (¡), en vez de volver a ver una buena película policiaca yanqui, claro, por cable, me tragué la entrevista, anunciada a bombo y platillo por toda la prensa, del primer ministro en la cadena estatal Antenne 2, con tres periodistas elegidos por él. Desconfía de los periodistas desde su bronca en el avión de vuelta de Brasil. Me fastidió la noche, porque yo me decía que con entrevista tan esencial, tenía el tema de mi carta. Pues no, porque, aunque habló mucho, no dijo nada. Recordé las primeras páginas de Piloto de guerra de Saint-Exupéry, en las que nos cuenta cómo durante el invierno 1939/40, en aquel periodo de la “ drôle de guerre”, le decía al campesino que lo alojaba: “Ayer recibimos nuestros nuevos aviones de caza. Son estupendos. ¿A qué no adivina cuántos nuevos instrumentos tienen? No sé cuantos tienen, pero sé cuántos les faltan” –respondió el campesino. ¿ Les faltan? ¿Qué instrumentos pueden faltar a estos maravillosos aviones? Los que nos permitirían ganar la guerra, porque vamos a perderla”.
Pues lo mismo ocurre con Jospin y su izquierda plural: están perdiendo la guerra. Lo cual no quiere decir que vayan a perder las elecciones, las cosas son más complejas, y dos razones, entre otras, permiten dudar del resultado de las próximas elecciones: la mitad, más o menos, de los electores votan siempre a la izquierda, por apego sentimental, o lo que sea, y sean quienes sean los candidatos y sus ideas. Y la derecha, dividida, tampoco presenta un proyecto de reformas coherentes y realistas.
La guerra a la que aludo es la guerra de las reformas posibles necesarias. Inundándonos de cifras y estadísticas, para demostrar que todo va bien, y olvidándose de las cifras negativas, como la de los 4,5 millones de marginados o pobres, mintió descaradamente cuando afirmó que la derecha había gobernando Francia hasta 1997, fecha de su entrada en funciones, cuando la izquierda ha gobernado desde 1944 hasta la vuelta de De Gaulle en 1958, y de nuevo a partir de Mitterand, en 1981, con breves interrupciones.
Los periodistas, por supuesto, no le hicieron la menor pregunta molesta. Avanzando soberbia y majestuosamente por la autopista de sus ilusiones, entre flores y aplausos, volvió con la retahíla sobre el papel del Estado, y las críticas contra el liberalismo. Como Monsieur Jourdain de Melière, hablaba en prosa sin saberlo, el gobierno Jospin es semi-liberal sin decirlo, pero privatiza. Estoy convencido de que estas privatizaciones han desempeñado un papel muy positivo en la disminución del paro y en la relativa buena salud de la economía francesa. Pero eso no se puede decir, porque va contra el dogma.
En cambio, insistió sobre las catastróficas privatizaciones de los ferrocarriles en Gran Bretaña y de la electricidad en California. Hubiera podido elegir un ejemplo casero: la privatización del agua en Francia, que subió tánto (era gratuita) que en numerosas ciudades los consumidores plantearon querellas ante los tribunales y las ganaron. Esa alza estrambótica del precio de agua, constituye una de las fuentes de la colosal fortuna de Vivendi. Pero Vivendi es demasiado potente para que Jospin se atreva a criticarles, y además subvenciona ilegalmente a partidos de izquierda, como el PCF.

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