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Columna publicada el 08-11-2005
El término intifada no lo usa nadie, salvo Ivan Roufiol en Le Figaro del pasado viernes. Pero, en ese mismo diario, el mismo día, basándose en un informe de los Renseignements généraux, se afirma que el Islam no desempeña papel alguno en los motines. Si un conductor ebrio constituye un peligro, un conductor ciego es una catástrofe. Aquí nadie; ni políticos, ni periódicos, quieren ver la verdad. Por el eterno y sencillo motivo de que esa verdad les da pánico. Pues hay que decirlo tajante y serenamente: estamos asistiendo al nacimiento de la guerrilla urbana islámica en Francia. Curiosamente, la prensa española – El País y El Mundo– oculta lo mismo con un toque ridículo. Por añadidura, ambos diarios anuncian que, al fin, el Presidente Chirac se ha hecho cargo del asunto, ha exigido el restablecimiento del orden republicano, y, por lo tanto, todo está bajo control. Yo le vi por televisión pronunciar sus voeux pieux, o encantamientos, el domingo por la tarde y da la casualidad de que, la noche del domingo al lunes, fue la más violenta de todas las noches hasta la fecha. 1.500 coches incendiados (en total ya van más de 6.000), dos policías hospitalizados, gravemente heridos por balas incendios de escuelas, dos iglesias, hospitales, comercios... la cumbre del aquelarre.
La terapia chiraquiana ha demostrado su eficacia. Y mientras la izquierda exige la dimisión de Sarkozy, ministro de Interior, un alcalde socialista de uno de los municipios arrasados la noche pasada, exige la intervención del ejército y la instauración del estado de sitio. Sobre el Islam, nada, nadie. vi, siempre en la tele, a un representante de la “Federación musulmana de Francia”, organización legal y subvencionada por el Estado, exigir, muy serio, al Gobierno francés que “pida perdón” por la muerte de dos adolescentes, y por la granada lanzada contra una mezquita. Sólo después, intentarán ellos calmar los ánimos. Evidentemente, los dos jóvenes no fueron víctimas de la policía, se electrocutaron accidentalmente, y ninguna granada lacrimógena fue lanzada contra ninguna mezquita, se lanzaron contra manifestantes violentos, y una patada defensiva tiró una de ellas en las proximidades de un “lugar de culto musulmán”. ¿Quién tendrá que pedir perdón por la muerte a porrazos de ese señor que se resistía a que le robaran su cámara de fotos?
Aconsejado y en colaboración con Libération, El Mundo, considera que esos motines constituyen la “rebelión de los miserables”, y que la culpa de todo la tiene Sarkozy, por su “falta de respeto”. Resulta que en todas las intifadas los problemas sociales y económicos existen, y constituyen uno de los combustibles utilizados por el fanatismo islámico para prender el fuego y crear situaciones explosivas. También es cierto que ya hubo disturbios en diferentes lugares y ocasiones, pero los motivos, o pretextos, eran muy diferentes, y en varios casos hubo realmente violencia policial injustificada. Pero nunca con tanta violencia, nunca durante tantos días y noches, nunca tan “politizada”, y nunca en toda Francia, como ahora. Sólo les queda a los imanes radicales o moderados y a los nutridos grupos pro y preterroristas decidir o no un armisticio ¿a cambio de...? En los próximos días se verá a cuantas concesiones está dispuesto el Gobierno para que se cree, en el seno de la República, una zona de autonomía islámica.

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