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Crónicas cosmopolitas

Los dictadores y sus ratas

Esa señora de cuyo nombre no quiero acordarme era una venezolana rica, o más bien millonaria, que vivió largos años en París. Muchos latinoamericanos "pudientes" han vivido largos años en París, y algunos quisieron ser mecenas; esta señora ejerció su mecenazgo en las artes y concretamente ayudó a una galería de la calle del Dragón, y a su director, personalmente y en todos los sentidos.

Pero no sólo era mecenas y subvencionaba a pintores y a un galerista, que había "robado" legalmente su galería a mi mujer, sino que también pensaba ayudar a la revolución latinoamericana invitando a cenar a progres famosos. Yo asistí a algunas de esas cenas acompañando a Nina y recuerdo una en su gran piso del Quai Malaquais, a la que asistieron Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Me llamó la atención el hecho de que esos dos gordos famosos (me entra una duda: ¿Asturias había recibido ya su Nobel?) se pasaran las cuatro horas hablando exclusivamente de dinero, pelas, parné. Yo, que en toda mi vida sólo habré cenado una o dos veces con banqueros, les aseguro que en esas circunstancias hablan mucho menos de la plata que nuestros gordos, fofos e ilustres escritores progres.

Como entre los contertulios había algún progre, más joven y menos famoso, se intentó desviar la conversación hacia temas políticos y la unanimidad, con sólo dos voces discordantes, se formó en torno a la defensa e ilustración de Fidel Castro. Se comparó sus méritos a los de otros dictadores porque, para esa progresía latinoamericana, la política se resumía al aplauso o no a los dictadores (y a las mordidas) y Fidel salió como el más chulo de todos.

Laure Mandeville escribió en Le Figaro el miércoles 19 de diciembre un estupendo artículo criticando ferozmente la simpatía, tolerancia e imbecilidad con la que en Francia se aprecia al tirano barbudo convaleciente, Castro, y recordando algunas de sus fechorías y que no todos sus hinchas galos son de izquierda.

Con la visita oficial a varios países europeos de otro tirano, el coronel Gadafi, me encontré de pronto en la situación de escribir, más o menos, lo mismo que ciertos medios de izquierda. La cosa, lo confieso, me ha divertido mucho sin crearme el menor problema ético porque mi ruptura con la izquierda se debe a varios motivos, el primero de los cuales es la condena de todos los dictadores, tiranos y líderes máximos, sean considerados de izquierda, progresistas, antiimperialistas o de derechas. La segunda es mi conversión tardía al capitalismo; no a la "economía social de mercado" ni al capitalismo de estado, sino al capitalismo puro y duro, privado, popular y mundial. Y la tercera y la más importante, para mí, es la libertad, la libertad individual, tan pisoteada, la libertad de emprender y comerciar, la libertad de expresión, la libertad de partidos y sindicatos, las elecciones libres, la libertad e igualdad para las mujeres (lo que no existe en sociedades musulmanas que representan más de mil millones... de súbditos, pues no pueden calificarse de ciudadanos), etc..

O sea, que si aparentemente digo cosas contra Gadafi no muy alejadas de los que dicen ciertos políticos y escribidores de izquierda, cuando se trata de Hugo Chávez, Evo Morales, Castro y otros muchos más nuestras diferencias son rotundas. Se vio con Sadam Hussein, se ve en la relación con Ahmadineyad y no hablemos del "juicio histórico" a los tiranos comunistas del pasado. Esta diferencia se constata a diario, como recientemente se ha confirmado con la polémica en torno al aniversario de la muerte de Guevara, pongamos.

Soy consciente de que las fronteras que existen entre derecha e izquierda, dictadores buenos y dictadores malos, son totalmente absurdas. Hitler fue un político de izquierdas, su partido se llamó primero " partido de los trabajadores alemanes" y luego nacionalsocialista. Y toda la extrema izquierda actual y buena parte de la socialburocracia es nacionalsocialista. El otro día un escritor venezolano intentó demostrar en El País que Hugo Chávez no es de izquierdas sino fascista. ¡Pero si es lo mismo! En América Latina todos los dictadores de izquierda son fascistas o, si se prefiere, nacionalsocialistas. El primero en rehabilitar a Juan Perón desde la izquierda fue Fidel Castro y lo justificó porque el dictador argentino era nacionalista, y desde entonces toda la clase política argentina es peronista; lo fue durante la guerra civil en la que peronistas de izquierda, "montoneros", mataban a peronistas de derechas en nombre de Perón. La idea según la cual para ser de izquierdas en América Latina el criterio esencial es ser antiyanqui es otra idea idiota, porque muchas derechas latinoamericanas también lo son. En casa de amigos franceses –algunos tengo–, me topé con unos montoneros argentinos, revolucionarios y peronistas de paso por París, quienes se indignaban porque tanto la izquierda francesa extrema como la moderada estuvieran tan radicalmente en contra del Frente Nacional y Le Pen. ¡Pero si son nacionalistas!, aullaban, furibundos. En Argentina se acaba de elegir por primera vez, a una mujer como presidenta ¡Qué audacia! ¡Qué modernidad! En absoluto es peronista.

Después de este superficial recorrido sobre algunos aspectos del delirio progre, en su búsqueda del buen tirano que trate bien a sus ratas (como en el Corán, los mahometanos deben tratar bien a sus mulas y a sus mujeres), volveré unos instantes al principio, o sea, a Caracas. No para comentar la victoria del "no", dato muy positivo, como lo es también que el ejército se haya opuesto a que Chávez hiciera su "recuento" de los votos en el referéndum, porque aún queda por ver si el candidato a dictador va a atacar o si prepara un nuevo golpe. No, me voy a referir a su papel en el tan mediatizado drama de los rehenes de las FARC, en Colombia.

Si habría que creerse las imbecilidades proferidas por los medios europeos, y principalmente franceses, el culpable de todo sería Álvaro Uribe, que dicho sea de paso es uno de los pocos presidentes democráticos del subcontinente, como si fuera él quien hubiera secuestrado a los rehenes. En cambio, el ángel de la misericordia, únicamente preocupado de cuestiones humanitarias, es Hugo Chávez. ¿Y las FARC? Las FARC son narcotraficantes marxistas, por lo tanto fuerzas de progreso cuya única meta es la dictadura, pero cuidado, una dictadura buena: nacionalsocialista. En esos aquelarres seguimos.

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