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En Francia, hay cosas que no cambian. Cambiarán los gobiernos, las mayorías, la rosa se sustituye por la hoz y el martillo, la UMP por el RPR, y así sucesivamente, pero no cambia la sacralización del papel del Estado en la economía, en la enseñanza y en todas partes. Tampoco el mito de los servicios públicos y el respeto fetichista a los sindicatos, que solo representan a un 8% de los asalariados pero a quienes el Estado, gobierne la derecha o la izquierda, concede el monopolio de su representación. No cambia el estatuto privilegiado de los funcionarios, que ganan más produciendo mal, mediante las subvenciones. Y que no falte el "medio ambiente" y, por supuesto, la "gran política árabe" de Francia, heredada del general De Gaulle, que siempre fue anti norteamericano y anti israelí.
Les voy a dar un triste ejemplo: yo no conozco personalmente a Pierre Lellouche, diputado de UMP y actual consejero para cuestiones de defensa y política exterior de Nicolás Sarkozy, pero tenemos amigos comunes que siempre me habían hablado muy bien de él. De lejos, muy de lejos, seguía su carrera, y en varias ocasiones me llamó la atención su actitud independiente. Una de ellas fue en plena campaña histérica contra Estados Unidos y contra Bush, y a favor de Sadam Husein, con motivo de la intervención militar aliada en Irak. No se atrevió a decir que Francia hubiera debido participar junto al Reino Unido y Estados Unidos en esa intervención, pero protestó públicamente y en solitario contra los ataques a los USA, que era una democracia y un país amigo, y contra la defensa franchute a Irak, que era una tiranía sangrienta.
Hace pocas semanas, en una entrevista a TFJ (televisión francesa judía) declaró que si ganaba las presidenciales Nicolás Sarkozy la política francesa, en relación con Israel, cambiaría. Y se apuntó un farol, diciendo que podía afirmarlo ya que él era su consejero en política internacional. Pero resulta que hace unos días, o sea antes del alto el fuego, publicó un artículo repugnantemente chiraquiano en Le Figaro. Afirma categóricamente que Estados Unidos no sólo ha fracasado rotundamente en Irak, sino en todo el Próximo Oriente. El hecho de que la señora Rice "no pueda ir a Beirut" demuestra que Washington ya no pinta nada en la región. Lo mismo en relación con Israel: por el mero hecho de resistir el Hezbolá ha triunfado. Conclusión: Irán se ha convertido en la potencia más importante de la región, lo cual no lo presenta como una catástrofe, al revés, puesto que considera que los únicos que pueden negociar con los iraníes y hasta repartirse el pastel, son ellos, los franchutes.
Todo el mundo sabe que el cinismo desempeña un papel en las relaciones internacionales, pero ni Kissinger había llegado a defender un cinismo tan rastrero y tan poco realista. La explicación es sencilla: Lellouche está convencido de que será ministro (de Defensa o de Exteriores) de Sarkozy, y por lo tanto, se prepara a proseguir "la gran política árabe" de Francia. ¿Dónde se puede vomitar, por favor?

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