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Carta de París

Resaca

"Mucho ruido y pocas nueces", suelen decir en Vallecas. Después de la operabufa de los royalistas del Partido Socialista, exigiendo nuevas elecciones, denunciando supuestas trampas y aullando que "¡Nos han robado la victoria de manera fraudulenta!", se hizo el recuento que pidieron y resultó que Martine Aubry, quien había ganado sólo con un margen de 42 votos –una miseria– obtuvo en realidad 102 –otra miseria–, lo que ha bastado para que el Consejo Nacional del partido la haya declarado oficialmente primera secretaria ayer por la tarde. Miss 35 horas será la primera mujer que dirija a los socialistas. Un desastre anunciado. Los partidarios más radicales de Segolène Royal, Jean-Louis Bianco y Manuel Valls (que no aceptaban su derrota, exigían una nueva votación y amenazaban con pleitear) continúan gruñendo, pero ahora menos, ya que su jefa les ha gritado: "¡A la niche!". Royal ha decidido aparentar ser una buena perdedora: acepta el fallo y ha anunciado que se convertirá en la opositora oficial de la oposición socialista. Este miércoles por la mañana ha lanzado por internet un mensaje a sus hinchas, declarando que seguía siendo candidata a las presidenciales de 2012.

Me ha llamado la atención, en medio de la marabunta mediática de los últimos días, que muchos, incluso algunas personas inteligentes, afirmaban categóricamente que la política había cambiado y que para ganar unas elecciones el candidato debía tener las virtudes que se le exigen a un actor: telegenia, carisma, garbo y dotes de orador. Y si puede añadirse un físico seductor, aun mejor. Por lo tanto, sostenían muchos –y no sólo socialistas– Segolène Royal es la que mejor representa esta nueva forma de hacer política, más espectacular, más moderna, más renovadora; algunos incluso la compararon con Obama. Era una tesis totalmente ridícula; aun cuando Obama posea realmente esas "virtudes" (necesarias, por lo visto, para triunfar en la política-espectáculo), también ha demostrado una habilidad política portentosa en su campaña contra Hillary Clinton primero y contra McCain, más tarde: no tiene un pelo de tonto. Lo que vaya a hacer como presidente, es harina de otro costal. Algo similar, en cuanto a carisma e inteligencia, podría decirse de mi admirado Tony Blair. Segolène Royal es guapa y telegénica, pero también imbécil. Y eso, a la larga, se nota.

La resaca en el Partido Socialista es evidente, no creo que haya ruptura, pero la unidad va a resultar difícil. La prensa gala ha pasado página y concede prioridad a la crisis económica. Hoy miércoles, Le Figaro publicaba una declaración conjunta de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, donde realmente no dicen nada. Bueno, afirman que hay crisis y que hay que unirse para resolverla. ¡A buenas horas, mangas verdes! Vivimos una situación totalmente surrealista en la que los Estados ayudan financieramente a los bancos y, en Francia, están preparando proyectos para rescatar a todo el mundo (parados, pymes, medio ambiente...) hasta que el propio Estado se declare en quiebra o algo parecido. No seré yo quien me atreva a proponer soluciones alternativas, pero tengo la impresión de que habría que hacer todo lo contrario: reducir el gastos público y los impuestos. Tomemos la crisis del automóvil: tras el fuerte aumento del precio de la gasolina, millones de consumidores han decidido aplazar uno o dos años la compra de un nuevo coche. El precio de la gasolina ha disminuido, pero el clima de pánico creado por los políticos y los medios no incentiva a nadie a adquirir vehículos nuevos.

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