- Gobernator declara el estado de emergencia fiscal en California
- Muere un joven atropellado por un conductor ebrio en el día de su cumpleaños
- Biden advierte que la economía de EEUU podría "quebrar por completo"
- Concejales de distrito de Madrid estudiaron la posibilidad de plantar a Gallardón
- Atracan un Media Markt con un bate de béisbol, un palo de golf, una maza y una pistola
- Un sondeo de La Sexta sitúa a PP y PSOE en empate técnico
- MAFO no descarta una "mayor depresión" que podría alargarse más allá de 2010
- Aguirre, a Zapatero: "Hacer un traje a medida de Cataluña es discriminatorio e intolerable"
Más tráfico de coincidencias: el caso de José Antonio Griñán - Un juego creado en un garaje de San Francisco se prepara para triunfar en la Wii
- Rajoy imitará el eslogan de Obama en el nuevo cambio de discurso que prepara para 2009
- El Gobierno dice ahora que no descarta hablar con el resto de presidentes autonómicos
- Un sondeo de La Sexta sitúa a PP y PSOE en empate técnico
- Aído beneficia a un colectivo afín al PSOE en el reparto de las ayudas de Igualdad
- Tardá dice que no es "nada antiespañol" y se jacta de ser una "persona educada"
- Aguirre, a Zapatero: "Hacer un traje a medida de Cataluña es discriminatorio e intolerable"
- MAFO no descarta una "mayor depresión" que podría alargarse más allá de 2010
- La Generalidad apuesta por instalar máquinas de preservativos en los institutos
- El Tribunal de Cuentas denuncia irregularidades en la gestión de los viajes del Imserso
- Concejales de distrito de Madrid estudiaron la posibilidad de plantar a Gallardón
Columna publicada el 09-10-2003
Los ministros y dirigentes de la mayoría son increíbles en la cuestión de la “Ley Aubry” sobre las 35 horas. Todos, Jean-Louis Debré, presidente de la Asamblea, François Fillon, ministro de Trabajo, etcétera, afirman que la ley es mala, cara, rígida, que no ha creado empleo, tiene todos los defectos del mundo, pero que no hay que tocarla, porque constituye un acquis social, como dijo Debré. ¿En qué quedamos? Si constituyera una mejoría social, no sería tan mala, digo yo.
El más sensato, dentro de lo que cabe, me pareció Francis Mer, ministro de Economía, quien declaró que lo esencial era crear flexibilidad para permitir a los asalariados que quieren trabajar más, para ganar más, puedan hacerlo, en los sectores económicos en los que esto sea posible, se entiende. Porque la ley impuesta por la sargento de caballería Martine Aubry, no es sólo autoritaria, el mismo rasero para todos, sino que en la práctica se ha visto que era antisocial, ya que sólo favorece a los ejecutivos, que pueden así alargar sus fines de semana en las islas Caimán, o en Deauville. Pero a los bajos salarios les prohíbe, precisamente, trabajar más para ganar más, y bien lo necesitan, ya que esta ley “socialista” ha congelado sus salarios. Y no hablemos de muchas categorías de funcionarios, quienes se espantaron ante dicha ley, que les hubiera obligado a trabar más, estaban –y siguen– trabajando 30 o 32 horas semanales. Este es otro de sus privilegios.
La idea de trabajar menos no es una idea que yo considere como reaccionaria, más bien al revés, pero pasando de la utopía a la realidad, hay que constatar que si en todos los sectores industriales en donde la automatización, las máquinas, los robots, han puesto de patitas en la calle a millones de obreros, la disminución de los horarios semanales puede limitar los despidos. Serán, son las máquinas las que trabajen 24 horas al día. Esto es así, no sólo en las fábricas de automóviles, sino en Michelin, en Danone, en cantidad de empresas en las que las máquinas sustituyen a las manos. Para mantener un mínimo de “manos” y no aumentar demasiado el paro, puede entenderse que se disminuyan los horarios, o sea, que se reparta el trabajo, lo cual puede conducir a que también se reparta el salario. Pero en los hospitales, en donde, es obvio, el trabajo depende del numero de enfermos, de las urgencias, etcétera, y no de decisiones ministeriales, las 35 horas fueron como llover sobre mojado, añadiendo catástrofes a la decadencia absoluta del sistema sanitario francés.
Aunque menos dramáticos, dicha ley también creó problemas, en el sentido de frenar el desarrollo, en el comercio, los servicios, y en todos los sectores de actividad en los que los robots no pueden –por ahora– sustituir a las personas. La indecisión gubernamental, ante un problema en teoría fácil de resolver, demuestra las dificultades que existen en Francia para cualquier reforma. El Gobierno no sólo tiene miedo, casi diría pánico, ante los alaridos de la oposición, que le acusan de ser “derechista” y de querer suprimir esas magníficas “35 horas”, sino que también tiene miedo de molestar a los suyos, esos ejecutivos que quieren mantener a toda costa sus largas vacaciones en las islas Caimán, los cuales también son electores del PS. Francia necesitaría a una “Dama de Hierro” pero no la tiene. Ni siquiera en versión masculina.

La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Amor y amistad
Cursos y masters
