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Columna publicada el 24-03-2003
En “France-Europe-Express”, la cada vez más importante emisión del domingo por la noche de la cadena de televisión estatal France 3, dirigida por Christine Ockrent, Valery Giscard d’Estaing, presidente de la Convención sobre las instituciones europeas, hizo el memo. Eludió apoyar claramente la postura antiyanqui y pro Sadam de su viejo y personal enemigo, Jacques Chirac, pero dijo lo mismo. Incluso peor, ya que presentó a Irak como un pequeño país pobre, cruel e inútilmente agredido, y volvió con la farsa de los inspectores de la ONU que tan eficaz y pacíficamente estaban desarmando a Irak. Sus declaraciones fueron tan groseras que la siempre comedida Ockrent, tuvo que protestar: “¿Cómo pobre, con todo su petróleo? ¡Pero si es una dictadura tremenda!” Sobre el petróleo, Giscard tuvo una frase de calendario: “Sí, un país pobre con mucho petróleo”. Y en cuanto a la dictadura, se limitó a encogerse de hombros, significando: “¡Allí me las den todas!”
Lo esencial de la entrevista fue consagrada a cuestiones europeas, a los trabajos de la Convención, y al futuro de la Europa Unida. Es el título que quiere ponerle Giscard a su novela. Lamentó que los gobiernos no se hubieran consultado antes de hacer declaraciones tan dispares, como está previsto en los tratados europeos. Cuando Serge July, director de Libération, insistió, con toda razón, sobre la importancia de la división europea actual, y el hecho de que la posición francoalemana no tenía mayoría en el seno de la UE, Giscard se fue por los cerros de Ubeda y se sacó de la manga que Suecia, Finlandia, Grecia, Bélgica y no recuerdo qué otro país estaban de acuerdo con París y Berlín, sin la menor prueba, y sin convencer, ni a July, ni a mi, ya que el único documento oficial de la UE, es un compromiso del género cajón de sastre, en el que se encuentra algo de todo y que cada cual, está visto, lo interpreta como le conviene.
A mi modo de ver, lo único sensato que dijo fue repetir que Turquía no está en Europa. Y lo peor, su visión del futuro de Europa. Dejando de lado, por ahora, el rompecabezas jurídico de la futura Constitución europea, está claro que su ambición, como la de Chirac y otros, es convertir Europa en una superpotencia económica, política y militar, que pueda declarar guerras por su cuenta, sin pedir permiso a nadie. Se pasan el día masticando la goma “paz”, pero su horizonte es un horizonte de guerras, pero “europeas”. Guerras económicas, guerras políticas, y guerras militares. No vale la pena precisarlo, y no iba a hacerlo Giscard en la situación actual, pero ¿qué sentido tendría una superpotencia militar, si no fuera también para declarar guerras por su cuenta? ¿Contra los USA?
Está claro que su oposición a la guerra actual contra Irak no es, como dicen, una oposición a las guerras en general, sino al hecho de que se les ha dejado en la cuneta. Y uno que soñaba con una alianza internacional de defensa de la democracia, que buena falta le hace, yo no diría sólo “atlántica”, como se dijo en las Azores, porque Japón y otros países asiáticos, como Taiwán o Corea del Sur, pongamos por caso, podrían formar parte de dicha alianza, actualmente rota por Francia y Alemania, poniendo Europa por los suelos.

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