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Son libros

El dilema entre inventar o mejorar

Es curioso comprobar cómo una tecnología nueva o una forma novedosa de hacer algo no se expande tanto a través de determinados avances como de productos concretos que tienen éxito, normalmente por razones muy distintas a representar una evolución técnica.

Aunque ya no nos acordemos, esto es lo que pasó en el terreno de la música con el iPod: mucho antes de él ya teníamos canciones en formato mp3 e incluso había una variedad importante de reproductores portátiles de música capaces de leerlas, y a precios económicos. Pero no fue hasta el momento en el que Apple lanzó su conocidísimo aparato cuando se popularizó el formato, se multiplicó exponencialmente su uso en la calle e incluso se empezaron a crear una variedad sorprendente de sistemas, altavoces y dispositivos para poder escuchar nuestra música sin los cascos en la comodidad del hogar.

Y todo esto gracias a un aparato que no inventaba nada, sí, pero que hacía mucho más agradable de usar lo ya inventado: una vez que tocabas el mando redondo de un iPod Nano ya jamás podías volver a los viejos reproductores de incómodos botones y, además, un aspecto deplorable si lo comparábamos con el diseño ultra-cool del producto de Apple.

Había algo más que contribuyó a que el mercado de la música cambiase para siempre: la facilidad para adquirir canciones gracias a iTunes y su excelente relación con el aparatejo, de forma que querer una canción y tenerla era cuestión de pocos minutos y no demasiado dinero.

¿Les suena de algo? Pues sí, es un fenómeno muy parecido al que hemos visto con el Kindle de Amazon, que ha aprovechado una tecnología que ya llevaba tiempo en el mercado, la tinta electrónica, para crear un dispositivo algo más cómodo y más fácil de usar que ha sido el que finalmente ha popularizado una forma distinta de leer libros.

En el caso de la tienda de Bezos el hecho de que el contenido estuviese disponible en grandes cantidades y, además, de una forma tan cómoda y sencilla ha tenido, probablemente, una incidencia todavía mayor en el éxito que la mejora de la experiencia de uso que proporcionó el primer Kindle, aunque si consideramos conseguir lectura como parte del uso del dispositivo es obvio que en eso sí que hubo un cambio radical.

Por otro lado, aunque nunca está de más tener un trasto "molón", en el mundo de los lectores de libros el aporte de coolness que pueda darte un artilugio no tiene la misma importancia que llega a tener en el de la música, mucho más pendiente de cuál es la tendencia de última hora. Así el primer Kindle pudo triunfar aún a pesar de ser uno de los dispositivos tecnológicos más feos de las últimas décadas.

El tercer ejemplo nos lo vuelve a dar Apple (incluso el cuarto, pero ahora no vamos a hablar del iPhone) con su iPad: otra vez la empresa de Steve Jobs se fijó en unas tecnologías ya bastante establecidas para darles un giro y crear con ellas una experiencia realmente nueva y muy satisfactoria que, en este caso, también ha tenido su reflejo en el tema de los libros electrónicos con una aplicación que, pese a estar en teoría destinada a fracasar (lo que no habremos oído y leído sobre leer en esa pantalla retroiluminada) cada día cuenta con más adeptos.

Un antiguo compañero de trabajo tenía entre sus máximas una un tanto chocante: "Copiar es ganar", decía continuamente. En el mundo de las tecnologías probablemente esa creencia te lleve al fracaso, pero si además de copiar sabes corregir los errores de los que iban por delante y mejorar lo que ellos hayan logrado, quizá sí tengas una gran oportunidad.

Y es que no es lo mismo crear una nueva tecnología que adaptarla a un uso diferente y mejorado dentro de un producto y un mercado concretos. Para ambas cosas se necesitan genios, pero los que son geniales en un campo no suelen serlo en el otro y, viendo la historia, no está claro qué es más rentable.

Eso sí, gracias a unos y a otros y a productos como el iPad o el Kindle es cómo las tecnologías punteras se convierten en habituales, los hábitos empiezan a cambiar y los nuevos mercados florecen. Y si el de la música digital ha florecido sólo con un gran producto –estrella– revolucionario, imaginen cómo puede hacerlo el de los libros electrónicos con dos.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.

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