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Sí, lo del Rototom es antisemitismo

A las primeras de cambio los organizadores se rindieron ante quienes hacen del odio su bandera.

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Resulta perfectamente legítimo que alguien piense que Palestina debe tener ya su propio Estado; también lo es criticar la política de Israel o las actuaciones de este país en Gaza o los territorios ocupados en Cisjordania.

Incluso diría que puedo admitir que alguien discuta, en el plano teórico, la existencia misma de Israel, y no por ello creo que se le pueda llamar sin más antisemita a quien tal desatino defienda, aunque, no nos engañemos, la mayoría de los que lo hace lo son.

¿Qué nos da la señal inequívoca de que alguien o algo es antisemita y no antisionista, como prefieren ellos llamarse, antiisraelí o simplemente amigo de los pobrecitos palestinos? Una cosa: que vayan contra las personas. Si tu odio se dirige a perjudicar a alguien concreto, a un ser de carne y hueso, por el hecho de que sea judío, te voy a dar una noticia: eres antisemita, y racista y un tipo –o una organización, o un festival– absolutamente despreciable.

Y eso es lo que le ha pasado a un judío –el cantante Matisyahu–, y lo peor es que para nuestra vergüenza le ha ocurrido en España: en el festival Rototom que se está celebrando estos días en Benicasim. Un evento que se promociona como un encuentro que promueve la paz en el mundo y el entendimiento entre los pueblos pero que, como vemos, a las primeras de cambio se ha rendido a aquellos que hacen del odio su bandera.

Porque puedes hacer festivales musicales muy bonitos, con mucho buen rollo, llenos de paz, amor y cáñamo; puedes invitar al lama nosequé, hacer clases de yoga o aporrear los tambores veganos. Pero si a la hora de verdad no eres capaz de enfrentarte a una de las formas de odio que más muertos ha causado en los dos últimos milenios resulta que todo, el buen rollo, la paz, el amor, el cáñamo, el lama, el yogui y los tambores se van por el sumidero de tu cobardía y, sin ninguna duda, de tu falta de unas mínimas convicciones morales.

Alguien ha dicho que lo bueno de esto es que nos ha servido para desenmascarar, sin ningún genero de duda, el antisemitismo de estos que van de amigos de Palestina pero en realidad no tienen más horizonte que el odio; lo malo es que a estas alturas del s. XXI el antisemitismo en España siga teniendo suficiente fuerza como para perjudicar a un solo judío. Consolémonos pensando que, a medio y largo plazo, ellos se han hecho mucho más daño, aunque, eso sí, no sé si tanto como merecen.

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