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El preocupante horizonte vasco

Antes que aceptar el apoyo de los populares, el PNV echará mano del PSE, si es que antes no decide pactar con Bildu o con Podemos.

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íñigo Urkullu | EFE

El foco informativo ha dejado de estar en los últimos años centrado en el País Vasco debido fundamentalmente a dos motivos: a que ETA ha dejado de matar, aunque no hay que cansarse de repetir que ni se ha disuelto ni ha entregado las armas; y al llamado procés en Cataluña, al cual la banda terrorista no es ajena desde la famosa reunión en Perpiñán con Carod Rovira en enero de 2004, por mucho que recordar esto enfade a los nacionalistas e independentistas catalanes.

Los que crean que los nacionalistas vascos, sean del PNV o de Bildu, incluso los partidarios del derecho a decidir como Podemos, van a renunciar a plantear en un futuro más o menos inmediato otro pulso al Estado como el que en estos momentos existe en Cataluña es que son unos ingenuos. En este contexto, analizar con detenimiento el horizonte político que dibuja la última encuesta del CIS sobre las elecciones vascas del próximo día 25 no puede provocar más que preocupación, agravada por la situación de gran debilidad institucional que estamos viviendo y que los nacionalistas de todo signo saben aprovechar para sus intereses.

La primera conclusión de la encuesta del CIS es que los partidos denominados constitucionalistas, PP y PSE, consiguen entre los dos el mismo número de escaños (16) que el estudio demoscópico otorga por separado a la marca de ETA, EH Bildu, o a Podemos.

El PP y el PSE sufren un auténtico descalabro. Lo de los populares no es que se viera venir, es que llevan acumulando méritos desde que en 2008, tras la marcha de María San Gil –¿se acuerdan del "¡Arriba España!" que le dedicó el nonato director ejecutivo del Banco Mundial José Manuel Soria?–, los Oyarzabal, Semper, Maroto y Alonso de turno decidieron que el PP vasco tenía que ser guay, pop y no sé cuántas sandeces más, lo que les ha llevado a ser absolutamente irrelevantes.

Los del PSE también se lo han ganado a pulso, porque, además de los esfuerzos hechos durante años por la rama guipuzcoana del partido, encabezada por Eguiguren o Zabaleta, de convertir a los socialistas vascos en un mala copia de los nacionalistas, ahora resulta que la candidata a lehendakari, Idoia Mendía, lleva en su programa electoral que Euskadi es una nación, y a la hora de hablar de la violencia que se ha sufrido en la sociedad vasca –esto lo dijo la candidata en un reciente debate electoral en la SER– equipara a ETA con el GAL o con los abusos policiales. Vuelta a los complejos y a las falsedades históricas.

Pero en el Madrid político y mediático, habitualmente despistado y errado con lo que sucede en el País Vasco, lo único que interesa es saber si después del 25-S el PNV puede replantearse su apoyo a Rajoy en una hipotética nueva investidura a cambio de que el PP le dé el suyo a Urkullu en Vitoria. Antes que aceptar el apoyo de los populares, el PNV echará mano del PSE, si es que antes no decide pactar con Bildu o con Podemos. ¿Por qué no, si ya lo hicieron en junio de 2015 en el Gobierno de Navarra o en el Ayuntamiento de Vitoria?

En el Parlamento vasco, los partidarios de la independencia o del derecho a decidir tendrán después del 25-S cerca de 60 diputados, de un total de 75, mientras que las fuerzas constitucionalistas, el PSE y el PP, quedarán relegadas a ser la cuarta y quinta fuerza política y no llegarán entre las dos a la veintena de escaños. Y está por ver que Ciudadanos consiga sacar por Álava el escaño que en las dos últimas legislaturas ha obtenido UPyD, con Gorka Maneiro. Un panorama ciertamente preocupante. Pero en Madrid seguirán preguntándose si el PNV apoyará a Rajoy. Así nos va.

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