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Galicia

Apocalípticos en Compostela

Anxo Lorenzo, nuevo responsable de Política Lingüística del gobierno gallego, cree en la existencia de un nacionalismo español que siente amenazada la supervivencia del idioma de Cervantes. Podía para el caso creer en meigas. El único nacionalismo digno de tal nombre que tenemos es el que se le manifestó, y en contra, el domingo en Compostela. Dejó como otras veces un rastro de vandalismo y anhelo de violencia por las calles del casco viejo. Profetizan el apocalipsis inminente del gallego y predican que la lengua con sangre entra.

De muerte amenazaron a Gloria Lago, presidenta de Galicia Bilingüe y dados los precedentes nadie debería tomarlo a la ligera. "Sabemos donde vives", le advirtieron antes unos pequeños matones salidos de esos criaderos de Matrix que son las aulas de la escuela "normalizadora". A qué extrañarse. En las alemanas se forjó el movimiento juvenil nazi. Los bárbaros, barbies, se ensañaron de nuevo con la tienda de un modisto. Sobre las malas conductas tiende su estúpido velo cierta prensa lugareña, sensible y pudorosa. No vaya a ser que se sepa lo que hay, como en febrero.

Entonces, los fanáticos trataron de reventar una marcha pacífica y lograron catapultarla a la fama. Esta vez llevaban corazones, era el Día de las Letras Gallegas en versión Día de los Enamorados. Las declaraciones de amor al gallego y las pinturas de guerra marchan juntas, y tras ellas asoma el auténtico sentido del juego: poder, prestigio, prebendas, dinero, garantías de que no habrá competidores. No defienden el gallego, sino la imposición del gallego, que son cosas distintas y hasta contradictorias. El idioma no es fin, sólo medio.

Los partidarios de vulnerar derechos civiles, que eso eran los manifestantes del domingo, hacen gala de doblez. Cuando las urnas les fueron favorables, negaron el derecho a disentir del gobierno. Cuando les han salido ranas, montan la de San Quintín. Chantajean a Feijóo para que no derogue el decreto que expulsó al español de la escuela, y el flamante presidente, que prometió tumbarlo en los cien primeros días, flaquea. Nombra además a Lorenzo, distinguido en la denigración de los que reclaman pasos hacia la libertad lingüística. Vaya pieza para el consenso.

Malo es incumplir los compromisos electorales y aún peor ceder a la presión de los intolerantes. No le darán tregua al gobierno de ningún modo, así que la elección es bien sencilla. Entre la imposición y la libertad, entre respetar derechos y atropellarlos, entre la tolerancia y la intolerancia, no hay terceras vías.

La Sra. Losada es periodista y escritora. Comentarista político de esRadio. Autora de Morfina roja (Libros Libres, 2008) Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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