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El KGB separatista

El KGB y la Stasi tienen en el poder separatista catalán a un discípulo adelantado de sus malas artes.

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Hace un par de años, la prensa internacional empezó a hablar del kompromat. Fue a raíz de la posible intromisión del Gobierno de Putin en las presidenciales norteamericanas que ganó Donald Trump. Kompromat es la abreviatura en ruso de "material comprometedor". El término remite a prácticas de la policía secreta soviética, el KGB, que continuaron con Putin. El objetivo del kompromat es desacreditar a oponentes políticos, ensuciando su reputación. El procedimiento consiste en fabricar rumores, imágenes, vídeos y documentos que siembren la duda sobre la honorabilidad de la persona a la que se quiere desprestigiar. Toda esta producción de basura se ha perfeccionado hoy gracias a avances tecnológicos que pueden dar sólida apariencia de verdad a imágenes y documentos, y permiten difundirlos a una escala sin precedentes.

El Gobierno separatista catalán, con el apoyo de periodistas, figuras públicas y medios de comunicación, ha usado exactamente los procedimientos del kompromat para difamar a sus oponentes políticos. Josep Ramon Bosch, que fue presidente de Sociedad Civil Catalana hasta finales de 2015, acaba de publicar cómo fue víctima de una campaña para denigrarlo a él y a la asociación que presidía. Su testimonio no puede pasar desapercibido. El separatismo catalán ha usado el poder de forma abusiva y torticera en multitud de aspectos, y es de esperar que la Justicia le pase la cuenta de todas las ilegalidades que cometió. Pero la cara más oscura, vil y maléfica del poder separatista aparece en casos como el de Bosch: cuando se dedica a destruir la vida de una persona con el fin de aniquilar a una asociación políticamente molesta.

Sociedad Civil Catalana fue, desde su nacimiento en abril de 2014, un enemigo a batir para el poder separatista. Lo recuerdo perfectamente. Estaba entonces en una tertulia en la que coincidía con una de las más conspicuas voceras del separatismo, y fue cosa de ver, o sea, de oír, cómo reaccionó después de que un miembro de SCC presentara allí brevemente la asociación recién nacida. Reaccionó con histerismo, lo cual me indicó que la asociación iba a tener importancia, y lanzó un primer dardo de descrédito, insinuando manos negras y financiación oculta. Sólo alguien del campo separatista, reino del cinismo y la demagogia, se puede atrever a acusar de finanzas poco claras a una asociación que acaba de constituirse. Por el hecho de publicitarse poniendo unos anuncios en la prensa.

El kompromat separatista contra SCC no se detuvo. Hubo, por ejemplo, un insistente bombardeo para vincular a la asociación con la extrema derecha. Pero volvamos a Bosch. Porque un día después del 27-S se presentó una querella contra él, en la que se le acusaba de utilizar un perfil falso en Facebook para difundir mensajes insultantes contra "figuras relevantes del independentismo". La acusación era falsa y la querella fue archivada, pero "la campaña mediática emprendida contra mí", dice Bosch, "fue impresionante, con reportajes en prime time en TV3 y Catalunya Ràdio acusándome de amenazar al presidente Mas, tertulias en las emisoras del subvencionado conde de Godó y Grande de España con graves desprecios hacia mi persona, reportajes insultantes en uno de los medios del monárquico grupo Prensa Ibérica". A la vista de todo ello, Bosch decidió dejar la presidencia de SCC.

La querella basada en falsedades la firmó, mira tú por donde, un tal Toni Albà. El mismo Albà del programa Polonia de TV3, cuya hazaña más reciente ha sido llamar "mala puta" a Inés Arrimadas, la dirigente del partido ganador de las elecciones catalanas de diciembre. El mismo agitador separatista que hace poco denunció que su restaurante en Vilanova i la Geltrú, 1918 Cuina de Mar, era objeto de una campaña de "desprestigio, difamación y boicot" que estaba "orquestada desde varios medios digitales y redes sociales". Quién sabe. Lo único seguro es que Albà es perito en difamar y desprestigiar, y en orquestar campañas. Una de sus víctimas fue Josep Ramón Bosch. La basura lanzada contra él y SCC lleva su firma.

Esta clase de basura, amplificada por medios supuestamente respetables, supuestamente dedicados al periodismo, tiene una característica: nunca deja de aparecer. Es un residuo tóxico que no desaparece nunca. Cuando caduca como tema de tertulias y periódicos, continúa su ciclo vital en las alcantarillas. O en la Wikipedia. Si van ahora a la entrada dedicada a Bosch en la versión catalana de la Wiki, la Viquipèdia, verán ahí la correspondiente ración de bazofia. No se privan de nada. El KGB y la Stasi tienen en el poder separatista catalán a un discípulo adelantado de sus malas artes: del kompromat.

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