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El problema son los nacionalistas

Son una amenaza para la libertad y los derechos civiles. Son una amenaza para la democracia.

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EFE

No creo que la nación sea sagrada. Tampoco tengo por inmutables los contornos de un Estado. Me identifico, por ejemplo, con la estoica aceptación de lo inevitable que manifestaba Vaclav Havel, en sus memorias, respecto de la ruptura de Checoslovaquia. También con su tristeza por ello:

Repito lo que ya he dicho: sin duda fue positivo que tal cosa al final sucediera, porque seguramente debía pasar; sin embargo, la separación tuvo un cariz grotesco. Si hemos sufrido alguna pérdida, sin duda es de tipo cultural: hoy nuestras naciones tienen una posibilidad desproporcionadamente menor de disfrutar de sus expresiones culturales, e incluso han dejado de entenderse en sus respectivas lenguas. Nuestra patria, en un sentido espiritual y cultural, se ha reducido y empobrecido, eso no se puede negar.

Me parece encomiable el impulso político que se plasmó en la Ley de Claridad canadiense, la cual, al contrario de lo que dicen algunos, no reconoce el derecho de autodeterminación de los habitantes de Quebec. El dictamen de la Corte Suprema, que fue el paso previo a aquella Ley, afirma claramente: "El derecho a la autodeterminación no puede ser, en las circunstancias actuales, el fundamento de un derecho a la secesión unilateral". Dion lo explica bien aquí.

En el mismo sentido, vería legítimo –y es por supuesto legal– que se presentara un proyecto de reforma de la Constitución para que el conjunto de los españoles decidiera si hay que dar a los habitantes de Cataluña la capacidad de manifestar, dentro de un procedimiento reglado, si quieren permanecer o no en España. Y hay que recordar, puesto que se olvida con frecuencia, que esa vía legal fue desechada deliberadamente por el nacionalismo catalán desde el mismo inicio de su deriva separatista.

Hasta cierto punto, puedo suscribir esto que decía José María Ruiz Soroa, en un artículo de 2014: "La secesión no es un derecho (no es un simple ‘queremos y punto’) pero sí es una demanda razonable que una parte de los ciudadanos puede plantear a su Estado". Mis problemas, y los problemas, empiezan al pasar de las musas al teatro. Al trasladar las posibles vías y cauces para satisfacer una demanda de secesión, tan razonables sobre el papel, al terreno de la práctica. Al sacarlas del laboratorio para aplicarlas en un escenario real: un escenario que sabemos cómo es y cómo ha sido, y que por eso mismo sabemos cómo es probable que sea. Los problemas, en fin, empiezan cuando aparecen los nacionalistas.

Resulta que son los nacionalistas, y no otros, los que han creado la demanda de secesión en Cataluña. Resulta que son los nacionalistas, no otros, los que han creado la demanda de un referéndum para la separación de Cataluña. Y resulta que son los nacionalistas quienes durante décadas de hegemonía, y de forma desaforada durante los cinco años de proceso separatista, han hecho esto: adoctrinar en las escuelas y a través de los medios; silenciar, marcar e intimidar a los discrepantes; instigar el odio hacia España; excluir de la vida pública la lengua habitual de la mitad de la población catalana; rechazar que una región rica como la catalana contribuya al desarrollo de otras más pobres; alimentar un supremacismo desde el que consideran seres inferiores al resto de los españoles.

No es una lista exhaustiva. Pero me parecen a mí pruebas suficientes y contrastables de que esos nacionalistas son una amenaza para la libertad y los derechos civiles. De que son una amenaza para la democracia. ¿Alguien piensa que se iban a comportar como perfectos demócratas e iban a respetar las reglas y el fair play si se habilitaran cauces para dar salida a su demanda de secesión? ¿Hay alguien que, a la vista del historial de estos nacionalistas, pueda creer tal cosa? Estoy dispuesta a escucharle.

Yo ahí tengo pocas dudas. Si se abriesen vías para encauzar la demanda de la que son creadores y protagonistas, saldrían ganando. Porque harán todo lo que ya han hecho, pero mucho más. Y cuando pienso cómo sería su nación nacionalista, una nación fundada en la identidad, una nación uniforme y no plural, una nación donde libertad y derechos serán palabras huecas, una nación donde la corrupción quedaría aún más impune, entonces me reafirmo.

Me reafirmo en que yo estaría a favor de considerar una demanda de secesión si aquellos que la plantearan no fueran nacionalistas. Pero la maldita realidad es que sólo la plantean los nacionalistas. Y es que el problema no es la demanda de secesión en sí misma. El problema son los nacionalistas. El problema son estos nacionalistas.

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