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Pablo, como Burt Lancaster

Os habéis convertido en meros subordinados de un separatismo supremacista. En ayudas de cámara de un separatismo de los ricos.

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Pablo Iglesias | Europa Press

Qué ocasión perdiste, Pablo. En la mañana del 8 de octubre, en lugar de marcharte de Barcelona después de ir a una tele que prefiero no recordar, te podías haber quedado unas horitas para ver la mani. No digo que fueras como un ciudadano más, porque sé que no querías estar. Pero podías haber hecho como el califa de las Mil y Una Noches, que se disfrazaba para recorrer de incógnito la ciudad y así ver y escuchar por sí mismo lo que sucedía. Te la habrán contado, habrás visto imágenes, pero hay acontecimientos que conviene ver con los propios ojos. Sobre todo, cuando desafían tus prejuicios.

Seguro que pensabas que una manifestación que vindicara España en Barcelona estaría llena de fachas Martínez. De monigotes de ese guiñol tuyo con el que haces burla de la derecha madrileña: el pijo de Serrano que lleva la bandera española en el cuello del polo, señoras del barrio de Salamanca con abrigos de pieles, nostálgicos del franquismo con el brazo en alto. Qué malo es creerse la propia propaganda. Si te hubieras acercado a Urquinaona habrías visto algo muy diferente. Estaba el pueblo, Pablo. Ese pueblo del que hablas tanto y dices que representas más que nadie. Ese pueblo al que llamas gente. Lo diré en tu lenguaje: allí estaba la gente. Es más: la gente estaba allí.

Quizá te hubieras dado cuenta entonces del tremendo error que has cometido. Conocerás las encuestas, la sociología del separatismo y del no separatismo. Deberías saber dónde está el pueblo y dónde están las élites: eso que llamas "la casta". No me gusta el término, pero sigo hablando en tu idioma. Ya lo podías saber, pero te hubiera convenido verlo. Verlos y oírlos. A los que no quieren dejar de ser ciudadanos españoles. A los que no quieren a esa élite política nacionalista que ha tenido el poder en Cataluña prácticamente durante toda la democracia.

Lógico que no la quieran. Esa élite los desprecia. Esa élite diferencia entre catalanes: los auténticos y los que no. Los auténticos se creen los únicos facultados para mandar en Cataluña y para definir qué es ser catalán. Los otros han de "integrarse" en esa obtusa y cerrada fórmula de catalanidad. Aun así, aunque lo hagan, no serán auténticos del todo. Siempre van a ser, de una u otra manera, ciudadanos de segunda. Ya no te recuerdo lo que piensan y dicen del resto de los españoles. Es de un supremacismo repulsivo. Y, como te decía, si buscas pijos y fanáticos para tu guiñol, los vas a encontrar entre los separatistas. Si buscas pueblo, lo encontrarás fuera de ahí.

Una cosa es que no te guste España y otra es que te pongas al servicio de unos nacionalistas como esos. ¡De un partido como el de los Pujol! Tú, que vas de azote de los corruptos, ¿cómo cabalgas esa contradicción? Lo sabemos. Para llegar al poder estás dispuesto a juntarte con quien sea. Para acabar con lo que llamas, despectivamente, "régimen del 78", estás dispuesto a unirte a cualquiera que quiera destruirlo, aunque quiera destruir el país. Todo para tener tu oportunidad. Pero te equivocas. Te estás engañando.

Mira lo que ha hecho Pedro. Ni él ni Iceta fueron a la manifestación, pero los suyos sí. Y lo vieron. Vieron que allí estaban los votantes que han perdido, los que aún les quedan, los que aún pueden tener. Al poco, Pedro estaba pactando con Rajoy el apoyo a la aplicación del artículo 155 a cambio de abrir el debate de la reforma constitucional. Decís que "ha terminado el PSOE de las primarias y ha regresado el de Susana Díaz". Queréis decir que el PSOE se va a hundir después de esto. No veis que sois vosotros los que os estáis hundiendo.

Nunca me has caído bien, pero he reconocido tu talento para atraer el voto de protesta que se fue forjando durante la crisis. Ahora es la protesta la que te está pasando por encima. Cada día interesa menos lo que hacéis y decís. Os habéis vuelto irrelevantes. Ha sido un mal cálculo, Pablo. Guiados por el afán de poder y por ese menosprecio que sentís hacia España, hacia los millones de ciudadanos que, siendo diferentes, quieren vivir juntos, os habéis convertido en meros subordinados de un separatismo supremacista. En ayudas de cámara de un separatismo de los ricos. Te lo voy a decir con un tema de Hombres G: "La cagaste… Burt Lancaster". Y, qué quieres que te diga, no me importa nada.

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