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Trump, un Hitler que no puede ni derogar Obamacare

No creo que nadie tenga en la cabeza la imagen del 'Führer' llevando las Leyes de Núremberg al 'Reichtag' y retirándolas por no conseguir los apoyos necesarios.

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Cordon Press

Mucho se ha escrito sobre el fracaso del Partido Republicano, el de sus mayorías en ambas Cámaras y el de Trump, a la hora de aprobar una reforma sanitaria que derogue y sustituya el famoso Obamacare. En general, se ha subrayado la incompetencia tanto del propio Trump como de Paul Ryan. Y qué duda cabe de que algo de eso hay. Ryan publicó su borrador de ley y luego se puso a buscar apoyos, en lugar de sentarse a negociar con las principales figuras de las distintas facciones del partido y después lanzar una propuesta que tuviera asegurado el apoyo del GOP. Trump metió prisa a Ryan y apoyó la nueva norma como la primera parte de una especie de programa en tres pasos, pero pese a sus supuestas dotes de negociador supremo no logró convencer a los republicanos reticentes, que temían –y con razón– que nunca se llegara a la tercera fase, donde estarían casi todas las cosas buenas.

Pero hasta cierto punto da igual. El problema en realidad es algo más profundo. El sistema sanitario norteamericano es una chapuza infumable. No es más que una serie de parches uno detrás de otro. Los demócratas han ido usando las numerosísimas grietas del sistema para arreglarlas con nuevas chapuzas que avanzan en la dirección de un sistema más controlado, regulado y pagado por el contribuyente. Los fans de John Q igual se sorprenden al saber que aproximadamente la mitad del enorme gasto en sanidad del país es público, lo que significa que el Tío Sam gasta más dinero per cápita en sanidad que, por ejemplo, el Gobierno español. Pero los republicanos no han sido mucho mejores. Nunca han propuesto en serio ningún cambio profundo del statu quo, porque, al contrario que en otras áreas de gobierno, no tienen una idea clara de qué hacer. Así que se han limitado a hacer propaganda tachando de socialistas las propuestas demócratas. Tras siete años exigiendo la derogación de Obamacare, la última de la larga serie de chapuzas sanitarias, no tenían nada previsto para sustituirlo ahora que pueden hacerlo.

No es que no haya algunos, pocos, políticos republicanos que sí sepan qué quieren hacer. Algunos hasta asumen que tienen que dar algún caramelito a los demócratas para que se apruebe una reforma seria y a fondo que reduzca los diversos sistemas sanitarios que conviven en Estados Unidos, baje la factura y no destruya la innovación. Entre ellos sí se pueden establecer bandos, diferenciar entre quienes apuestan más por el libre mercado o quienes se acercan más a las soluciones de los demócratas. Pero parecen ser una minoría. Antes de adoptar como bandera la oposición al Obamacare, casi de lo único de lo que hablaban era de reformar la responsabilidad civil para que no se tuvieran que pagar millonadas por posibles negligencias, lo cual reduciría el precio de los seguros por mala praxis y, con ello, el precio de los tratamientos. Una reforma a fondo, como ven.

Un problema con casi todos los cambios es que siempre hay quien sale perjudicado. Incluso cuando una reforma sea beneficiosa en general, alguien va a perder siempre. Así que, si no estás muy implicado en el asunto, prefieres que la cosa siga como está, no vaya a ser que una ley cuya aprobación tampoco es que te importe demasiado afecte a tus posibilidades de reelección. Así que tenemos a una mayoría republicana en el Congreso con opiniones muy fuertes en materia fiscal o medioambiental pero sin una idea muy clara sobre qué quieren hacer con la sanidad. Con todo esto sobre la mesa, no es tan raro que, al margen de sus discutibles tácticas, Trump y Ryan hayan fracasado.

Pero, a pesar de que toda esta debacle haya sido muy dañina para Trump, en algo sí ha salido ganando. Si haces campaña asegurando que el candidato republicano es Hitler renacido; si tras ser éste elegido presidente montas una resistencia como si fueras la Francia ocupada, cuando en su primera apuesta importante fracasa quizá tengas que revisar tu propaganda, porque no acaba de cuadrar. No sé, no creo que nadie tenga en la cabeza la imagen de Hitler llevando las Leyes de Núremberg al Reichtag para tener que retirarlas por no conseguir los apoyos necesarios. Si no ha logrado siquiera derogar una ley tan impopular como Obamacare, ¿cómo va a convertir a Estados Unidos en una dictadura fascista? Igual el Partido Demócrata tiene que replantearse su estrategia y pasar a criticar a Trump por ser un mero incompetente. Aunque no suene tan apocalíptico.

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