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La izquierda lucha para no sucumbir

Dario Migliucci

&quote&quoteLa situación de la izquierda es tan dramática que el propio Berlusconi ha manifestado su preocupación por la crisis de la oposición, ya que "en una democracia el papel de la minoría es esencial".

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Las elecciones europeas que se celebrarán el próximo mes de junio representan una verdadera encrucijada para la izquierda italiana. De hecho, los movimientos laboristas atraviesan el peor momento de su historia, por lo que una ulterior derrota electoral podría ser irreparable.

Tras la caída del muro de Berlín el poderoso Partido Comunista Italiano –el más grande de Europa occidental durante la guerra fría– se desmembró en pedazos y desde entonces no ha logrado recuperar la vieja unidad. En los últimos años, los ex comunistas han llegado dos veces a conquistar la presidencia del Gobierno, sin embargo las coaliciones que los han respaldado eran tan abigarradas que ambas experiencias se han convertido en verdaderas pesadillas. Para ellos y sobre todo para el país.

Hace año y medio los laboristas aseguraron haber encontrado la receta para evitar nuevas decepciones: los dos movimientos más grandes de centroizquierda se fusionaron dando vida al Partido Demócrata, una formación que –según decía la propaganda de los reformistas– cosecharía más del 40 por ciento de los votos, ganaría las elecciones generales y gobernaría la nación sin dificultades. Sucedió todo lo contrario: el nuevo movimiento alcanzó un mísero 33 por ciento, perdió los comicios y entregó el Gobierno a los conservadores.

De todas formas, todavía no se había tocado fondo. En efecto, la situación del Partido Demócrata ha empeorado drásticamente en los últimos meses, pues tras las elecciones del año pasado ha ido cada vez más cuesta abajo en las encuestas y ha perdido otra cita electoral (los comicios regionales de Cerdeña), fracasos que han conducido a la dimisión de su líder, Walter Veltroni.

Frente a la hemorragia de popularidad del Partido Demócrata, las encuestan remarcan una ligera recuperación de la izquierda radical. Los analistas aseguran que, si se votara mañana, los maximalistas lograrían conquistar unos escaños del Parlamento Europeo, pero sólo si todos se presentaran bajo un único símbolo. Con todo, alcanzar este objetivo les costará lo suyo, puesto que tras la derrota de hace un año en las elecciones nacionales, los ya entonces numerosos partidos marxistas se fraccionaron en movimientos todavía más pequeños, que además han malgastado la mayoría de sus energías en luchas internas.

Entre los partidos de la oposición, el único que puede declararse satisfecho es la Italia de los Valores, que paradójicamente es el movimiento menos izquierdista y al mismo tiempo el más severo fustigador de Silvio Berlusconi. El partido del ex juez anticorrupción Antonio Di Pietro se complace por los resultados de las encuestas y confía en que las elecciones europeas puedan confirmar el crecimiento de su popularidad.

Izquierda radical y Partido Demócrata, en cambio, miran con pavor la cita electoral de junio. Tras haber sido aniquilados en los comicios del 2008, los marxistas ahora luchan únicamente para no sucumbir, ya que un fracaso en el ámbito europeo los haría desaparecer por completo del mapa político. También lucha por sobrevivir el Partido Demócrata, pues el recién nacido movimiento reformista podría deshacerse ante un enésimo fracaso, regresando a la vieja separación entre ex democristianos y ex comunistas.

Por tanto, no es de extrañar el gran empeño con el que la izquierda italiana está preparando el próximo desafío electoral. Los radicales están intentando a toda costa alcanzar un acuerdo para presentarse a las europeas bajo un único símbolo, mientras que los demócratas han decidido nombrar nuevo líder al católico Dario Franceschini, en la desesperada tentativa de recuperar el apoyo del electorado moderado.

La situación de la izquierda es tan dramática que hace unas semanas el propio Berlusconi –entrevistado por el periódico El Mundo– manifestó su preocupación por la crisis de la oposición, ya que "en una democracia el papel de la minoría es esencial".

En suma, lo único cierto es que los izquierdistas en junio no podrán perder la dignidad, pues ya la han perdido.


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