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Ecuador: autoritarismo, crisis y fraude

La Historia nos recuerda que los regímenes autoritarios no acostumbran a entregar el poder, sino todo lo contrario.

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Lenin Moreno | EFE

Ecuador empezó a recorrer el camino del totalitarismo hace ahora una década, cuando el Tribunal Supremo Electoral del país andino se arrogó funciones de Corte Suprema y destituyó a todos los diputados de la oposición. Cuando el Constitucional tumbó aquella resolución ya era demasiado tarde. Estaba en marcha una Asamblea Constituyente cuyo primer mandato fue… disolver por completo el Congreso. Aquello era solo el comienzo.

En los años siguientes, el régimen desplegó la misma agenda liberticida que hemos visto en otros países latinoamericanos en los que ha gobernado el populismo bolivariano. Los periodistas incómodos fueron perseguidos y silenciados, hasta el punto de que Fundamedios ha documentado más de 2.000 violaciones a la libertad de información y opinión. La economía siguió una deriva intervencionista cada vez más pronunciada, al calor de un boom petrolero que permitió duplicar el peso del Estado sobre el PIB. Y la popularidad de Rafael Correa se mantuvo por todo lo alto durante años.

Pero el fin del boom petrolero empezó a revelar las carencias del modelo económico instaurado por Correa, del mismo modo que la acumulación de ataques contra la libertad de expresión fue sacando a la luz la naturaleza autoritaria de un régimen del que, todo sea dicho, pocos ecuatorianos recelaron mientras las rentas del oro negro eran suficientes.

Con todo en contra, el empresario Guillermo Lasso lanzó hace ahora un lustro su carrera a la Presidencia. Tras un primer intento en el que se colocó claramente por delante del resto de candidatos, este 2017 logró pasar a la segunda vuelta de las elecciones, tras un interminable escrutinio en el que la sombra del fraude no dejó de planear sobre el resultado admitido por el régimen.

En las semanas que siguieron se desató una brutal campaña de ataques contra Lasso, que no solo fue agredido por turbas oficialistas sino que sufrió una catarata de difamaciones financiada con dinero público. A pesar de ello, su candidatura siguió creciendo y, de acuerdo con tres de las cuatro encuestas a pie de urna, venció al candidato correísta, Lenin Moreno, en la segunda vuelta, celebrada este domingo.

Vale la pena detenerse en este punto, porque la única exit poll que daba una derrota de Lasso era la que publicó Perfiles de Opinión, una casa de encuestas que suele reflejar datos favorables al Gobierno y que acumula ya un largo historial de predicciones disparatadas. En el extremo opuesto está Cedatos, la firma estadística de mayor prestigio del país, que anunció un 53%-47% favorable al candidato de oposición. Por la misma línea iban las exit polls de Informe Confidencial y Market.

Pero la sombra del fraude ha vuelto a aparecer. Desde la candidatura de Lasso ya se han documentado numerosas actas manipuladas. La trampa ocurre una vez se transmiten los datos al Consejo Nacional Electoral. Así, si una mesa de votación cierra con 200 votos para Lasso y 100 para Lenin, luego los resultados manipulados apuntan ese mismo resultado, pero a la inversa: 200 sufragios para Lenin, 100 para Lasso. Basta con echar un vistazo por las redes sociales para comprobar que el mismo patrón se repite una y otra vez.

Más escandaloso aún es que la web oficial por la que se estaban transmitiendo los datos del escrutinio se cayó cuando el recuento iba por el 20%… pero reapareció veinte minutos después, con resultados al 90% que consumaban el repentino vuelco a favor del oficialismo. "No juegue con fuego", advirtió Lasso antes de rechazar los resultados oficiales y anunciar su impugnación.

"Han cruzado una línea y pretenden abusar de la voluntad popular. Este es el manoseo que promueve el enfrentamiento y que viene orquestado por la dictadura del partido único. Saldremos a las calles para exigir el conteo de los votos", añadió el aspirante, antes de denunciar la "grosera" manipulación electoral que habría perpetrado el correísmo.

El tiempo dirá si se admiten estas irregularidades, pero la Historia nos recuerda que los regímenes autoritarios no acostumbran a entregar el poder, sino todo lo contrario. De manera que, salvo milagro, la mayoría social que lanzó un grito de libertad se verá asfixiada una vez más por la tiranía bolivariana.

De consumarse este triste desenlace, Ecuador quedará condenado a seguir sufriendo un deterioro progresivo de las libertades políticas y económicas. De manera que el socialismo del siglo XXI confirma una vez más que sigue teniendo las mismas consecuencias que el socialismo del siglo XX.

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