23-II-2009

Berlín apuesta por el intervencionismo

El próximo 2 de abril tendrá lugar en Londres la segunda parte de la famosa Cumbre de Washington del pasado 20 de noviembre en la que pretenden sentarse las bases del futuro sistema financiero. De momento, este fin de semana, los líderes europeos se han reunido en Berlín para acudir a Londres con una propuesta consensuada.

Los dos acuerdos básicos que han tomado los asistentes consisten en incrementar las regulaciones internacionales para evitar que este tipo de crisis se reproduzcan en el futuro y por utilizar el gasto público para favorecer una inmediata recuperación. Por consiguiente, ambas recetas pasan por incrementar el intervencionismo de los Estados sobre la economía. Precisamente por ello, ambas medidas están profundamente equivocadas y sólo muestran una honda incomprensión por parte de nuestros políticos de las razones que nos han arrastrado hasta la actual situación y de los mecanismos disponibles para salir de ella.

Los políticos, y con especial énfasis Zapatero, se centran en pedir más regulación sobre "todos los mercados, todos los productos y todos los actores financieros", ya que han estado meses transmitiendo el falso mensaje de que la actual crisis es una consecuencia de la "desregulación". La realidad es bien distinta: los mismos políticos que ahora claman por supervisar y controlar la economía, fueron los mismos que durante los años en los que se gestaba la crisis no fueron capaces de darse cuenta de la que se nos venía encima. El propio presidente del Gobierno español negó la crisis hasta bien entrado 2008, cuando ya todo el sistema financiero mundial estaba quebrado. ¿Cómo puede pretenderse que estos invidentes económicos dirijan las finanzas mundiales?

Pero además, al señalar que la responsabilidad de la crisis se encuentra en la falta de regulación, se está desviando el foco de atención lejos de los verdaderos culpables de la misma: los bancos centrales y sus tipos de interés artificialmente bajos. Tomemos el caso de los hedge funds, uno de los chivos expiatorios favoritos de nuestros políticos. Es cierto que muchos de estos fondos de inversión privados han cometido auténticos errores que han agravado la crisis; pero ni han sido los únicos (pensemos en el caso de los bancos comerciales, que también se han equivocado con profusión pese a estar masivamente regulados) ni sobre todo lo habrían logrado por ellos solos.

Si la quiebra de algunos hedge funds ha sido perjudicial para la economía se ha debido a sus brutales niveles de endeudamiento. ¿Y cómo han logrado endeudarse tanto? Gracias a los bajos tipos de interés de los bancos centrales; por tanto, el problema no está en que estos actores no estuvieran bajo la supervisión de unos burócratas incapaces de comprender su actividad, sino en que se cebara su endeudamiento por parte de los bancos centrales mediante expansiones artificiales del crédito.

Tampoco el otro acuerdo importante que se ha tomado en la reunión de Berlín apunta hacia la dirección adecuada. En estos momentos, una de las medidas más nocivas que pueden tomarse (sólo superada por instaurar nuevas barreras comerciales, algo que afortunadamente han descartado nuestros políticos) es incrementar el gasto público, ya que de este modo se reduce el ahorro del que disponen los agentes privados para relanzar la economía. Nuestros gobernantes despilfarrarán los recursos que capten mediante la deuda pública (por ejemplo, para construir carreteras, rescatar a empresas automovilísticas en quiebra o modernizar nuestros hoteles) e hipotecarán el futuro de nuestros hijos.

Poco, salvo la crítica al proteccionismo, merece salvarse de la reunión de Berlín y, a la vista de los recientes acontecimientos, nada cabe esperar de la de Londres. Al fin y al cabo, por disparatada que sea la postura común europea, parece que tendrá una pizca más de sensatez que las propuestas con las que acudirá Obama, quien ni siquiera se ha avergonzado de resucitar el funesto mercantilismo. Nuestros políticos y sus burócratas no sólo causaron la crisis, sino que están empeñados en agravarla; será que este tipo de situaciones les resultan propicias para restringir nuestras libertades hasta cotas que nunca habrían soñado alcanzar durante épocas de estabilidad.


 

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