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28-IX-2007

Birmania y los monjes de la libertad

La brutal represión a la que está siendo sometida en la antigua Birmania la pacifica protesta protagonizada por miles de monjes budistas contra la liberticida y empobrecedora Junta Militar que gobierna el país desde 1962 debería provocar la más inmediata y firme reacción de la comunidad internacional, aunque sólo sea para evitar que se transforme en un baño de sangre como el de 1988, en el que perdieron la vida miles de personas.

Lo que en agosto empezó como una protesta de estudiantes y activistas –posteriormente detenidos– contra una salvaje subida de combustibles que afectó a los demás productos básicos, pasó a intensificarse cuando en Pakkoku, en el centro del país, unos centenares de monjes que protestaban pacíficamente fueron atacados por militares. La represión hizo aún mayor la reacción de los monjes, que empezaron a liderar manifestaciones cada vez más multitudinarias en Yangón (Rangún, la antigua capital), Mandalay y otras ciudades de esta olvidada y empobrecida nación del sudeste asiático.

Si bien la represión ya ha causado diez víctimas mortales y centenares de heridos, los monjes no han cejado en su pacifica pero firme reivindicación por la libertad, reemplazando así a la activista y premio Sajarov y Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, quien se encuentra en arresto domiciliario desde 1989, y quien ganó, por la Liga Nacional para la Democracia, los comicios de 1990, cuyos resultados no quisieron reconocer los militares.

Aunque la campaña de concienciación que está liderando Bush o el envío de un observador de la ONU sean sólo unos primeros pasos, la comunidad internacional no puede confiarlo todo a la intermediación de gobiernos como el chino o el ruso que, si bien tienen poder de influencia sobre el régimen birmano, no se caracterizan precisamente por su compromiso con la causa de la libertad.