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21-XI-2006

¿Cómo encubrirá ahora ZP el chantaje de ETA?

Vaya por delante que, si no fuera por la mentira institucionalizada que promueve este Gobierno, no sería necesario que ETA hubiera tenido que robar armamento en Francia para que diéramos credibilidad a la insistente y pública amenaza de los terroristas de "volver a la lucha armada" si con su "alto el fuego" no consiguen los objetivos soberanistas por los que han estado matando y convocando treguas durante cuarenta años.

La diferencia está en que, en esta ocasión, ha sido un presidente del Gobierno dispuesto a pactar con los separatistas de Estella un nuevo marco jurídico-político para el País Vasco quien ha incitado previamente a la organización terrorista a perpetrar ese conocido "chantaje a la inversa", que ETA ha aplicado cada vez que nos ha entregado la zanahoria de la tregua junto a la amenaza de volver al palo.

Aunque sea indignante, no nos debe extrañar, pues, que ahora el Gobierno de Zapatero se haya resistido a admitir públicamente la autoría de ETA en este robo de armamento, como ha maquillado los comunicados de ETA o como ha encubierto la existencia, primero, y la gravedad, después, de unas cartas de extorsión que los empresarios han denunciado y que hasta ETA ha justificado por razones económicas. No hacerlo sería tanto como admitir la naturaleza chantajista de un alto el fuego con el que Zapatero quiere concurrir "en paz" a las elecciones y por el que se comprometió, tanto en público como en privado, a que "todo tuviera cabida tenga el alcance que tenga".

De ahí el clamoroso silencio gubernamental tras la confirmación de las autoridades francesas de la autoría de ETA; un silencio que sólo será roto por huecas declaraciones que tendrán las mismas nulas consecuencias por parte del Gobierno de Zapatero que si ese robo de armamento no se hubiera producido.

ETA está al cobro, y Zapatero no puede defraudar antes de las elecciones las esperanzas que reavivó en ETA y de las que es tan responsable, tanto si las satisface como si las deja insatisfechas. En esta senda, al margen de la Constitución y del Estado de Derecho, en la que nos ha introducido Zapatero, el final del actual Estatuto de Guernica aguarda como etapa obligada. ETA tan sólo recuerda la sangre que ya aguarda en la cuneta.