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12-XII-2010

El fraude climático se niega a morir en Cancún

El llamado cambio climático de origen antropogénico es una construcción sociológica fruto de la agenda de la izquierda que, afortunadamente, ya sólo defienden sus beneficiarios directos en los terrenos político, académico y, sobre todo, el económico, pues no en vano el timo del cambio climático se ha convertido en un negocio fabuloso para avispados cercanos al poder y grandes corporaciones.

El objetivo de la cumbre de Cancún, finalizada ayer, era seguir sosteniendo el mito tras el fracaso estrepitoso de la anterior cita celebrada en Copenhague, en que no fue posible llegar a un acuerdo ante la sensata oposición de las principales economías del planeta. En Cancún tampoco se ha llegado a un pacto concreto sobre la forma en que los países van supuestamente a luchar contra un problema que no sabemos si existe ni, en caso de que sea real, el efecto que todas las medidas coactivas puestas en marcha pueden tener para frenarlo.

Sin embargo los más entusiastas, entre los que, para nuestra desgracia, se encuentra el Gobierno de Zapatero, se felicitarán de un texto consensuado que insiste de forma genérica en la necesidad de prorrogar el nefasto protocolo de Kioto, si bien a discreción de cada país, y del establecimiento de un fondo verde mundial en 2020 con 100.000 millones de dólares en la más acreditada tradición de los defensores de la economía sostenible, para satisfacción de las multinacionales del sector energético y los políticos encargados de gestionar una suma tan enorme.

En resumen, la cumbre anterior celebrada en Copenhague fue un fracaso estrepitoso ante la ausencia de compromisos concretos para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En Cancún no se ha alcanzado ningún acuerdo práctico pero, al menos, el proyecto de que las economías nacionales puedan ser reguladas por una cúpula de ungidos convencida de que va a salvar al planeta sigue vivo, a falta de que se pueda concretar definitivamente en alguna cumbre posterior, la primera de las cuales tendrá lugar en Durban.

En una situación de crisis económica global como la que padecemos es incomprensible que los gobiernos dediquen ingentes cantidades de dinero y energías a combatir un supuesto problema sobre el que no hay evidencias científicas claras de su existencia o magnitud, sino más bien todo lo contrario.  Desde luego, no están incluidos en esa minoría fanatizada los veinticinco mil participantes en las reuniones de Cancún, bella ciudad mejicana a la que, naturalmente, llegaron en aviones cuyos motores lanzan a la atmósfera las toneladas de gases invernadero que después exigen reducir a los ciudadanos normales bajo pena de multa. Cuando utilicen para sus jaranas la muy "eco-friendly" videoconferencia comenzaremos a prestarles atención.


 

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