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11-III-2008

El frente anti-PP oculta el logro de Rajoy

Pasada la resaca electoral conviene hacer un análisis más sosegado que evite tanto los consuelos absurdos como los no menos injustificados catastrofismos. Si exagerado hasta lo ridículo nos pareció el triunfalismo vivido en Génova la noche electoral –declaraciones de Pío García Escudero y botes de Rajoy ante la afición incluidos–, no menos injustificadas nos han parecido algunas voces que este lunes prácticamente incitaban al líder del PP a arrojar la toalla, al tiempo que pedían un profundo cambio en la dirección del principal partido de la oposición.

Ni una cosa ni otra se sustentan a la luz de los resultados. Es innegable que la nihilista estrategia liderada por Zapatero –llamémosla Pacto del Tinell, "cordón sanitario" o "frente anti-PP"– ha conseguido que cientos de miles de votantes nacionalistas y de IU compensaran la ocultada pero innegable pérdida de cientos de miles de votos más "centrados" que el PSOE ha sufrido como consecuencia de su deriva radical y nacionalista.

Ha sido el monumental trasvase hacia el PSOE de votos procedentes de la izquierda y del nacionalismo el que ha permitido, con un diferencial a su favor de poco más de 38.000 votos, compensar los más de 700.000 votantes que el PSOE ha perdido en favor de UPD y el PP. De hecho, el Partido Popular ha tenido los segundos mejores resultados de toda su historia, con más de 400.000 votos más que en las pasadas elecciones, un resultado que bien le podría haber dado una ajustada victoria electoral de no haber fagocitado el PSOE a sus radicales compañeros de viaje.

Valga esta reflexión para que la derrota del PP no se sobredimensione, ni eche por tierra el liderazgo de Rajoy, ni, menos aún, provoque conclusiones tan absurdas como atribuir al "caso Gallardón" un supuesto efecto negativo, que resulta especialmente delirante si vemos el histórico triunfo cosechado por el PP en Madrid.

Si no cabe el catastrofismo en las filas del PP, todos debemos ser conscientes, sin embargo, del preocupante panorama al que se enfrenta nuestro país: Zapatero tiene, aritméticamente, distintas posibilidades de gobierno. Un pacto de legislatura con CiU sería por sí solo suficiente para la gobernabilidad, si bien esta es una posibilidad harto dudosa, pues ni a Zapatero le interesa tensionar sus relaciones con el PSC, ni al partido de Mas favorecer la gobernabilidad de quienes en Cataluña mantienen a su partido en la oposición.

Zapatero puede, sin embargo, reeditar el pacto con sus disminuidos socios de Esquerra e IU, ampliándolo con el apoyo del BNG, y sin olvidar nunca al PNV. De hecho, Zapatero también puede gobernar en solitario llegando a acuerdos puntuales con las distintas formaciones para según qué temas. No obstante, ningún giro al centro sería creíble por parte de un Zapatero al que le interesa conservar el electorado logrado con su apuesta radical.

Un país al que le acecha la crisis económica y la liquidación de su régimen constitucional, gobernado por un nihilista como Zapatero, al que no le importa los dramas ni las tensiones si eso redunda en su propio beneficio, es un panorama lo suficientemente preocupante como para, encima, someter desde dentro a innecesarias convulsiones al principal partido de la oposición. Los resultados son lo suficiente buenos para que no le falten ánimos a quien, como Rajoy, solo se le puede pedir voluntad para seguir adelante.