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La propuesta del dirigente de IU, Gaspar Llamazares, de presentar al Senado una única candidatura entre todas las fuerzas “pluralistas, federalistas y progresistas” –léase, nacionalistas, ya sean de izquierda o derecha, comunistas, socialistas y quien se apunte– refleja no sólo la incapacidad de algunos para definir sus ofertas si no es en contra de algo, sino también la escasa confianza que tienen en sí mismos a la hora de batir al PP en las urnas en las próximas elecciones generales. Hasta tal punto se creen incapaces de representar a la mayoría del pueblo español, que cogen de la mano a los independentistas para dinamitar juntos el concepto mismo de soberanía nacional y probar suerte con la soberanía de “los pueblos del Estado español”. IU ha visto en Cataluña no sólo la formación de un gobierno que ha exigido la marginación política del PP en cualquier ámbito, sino también cómo el PSOE se unía definitivamente a quienes han defendido violar la soberanía nacional reflejada en el Parlamento español cuando este no se pliegue a sus demandas. Todos juntos están en contra de considerar un delito convocar referéndum sin autorización de las Cortes Generales, a pesar de que la Constitución y los Estatutos de Autonomía lo consideran una condición sine qua non para que un gobierno autonómico lo lleve a cabo. Ahora pretenden establecer un frente común secesionista en el Senado contra la soberanía nacional que refleja el Congreso de los Diputados.
La propuesta de Llamazares, en este sentido, deja en evidencia lo que muchos pretenden con la supuesta reforma del Senado. No es para “otorgarle mayor representatividad territorial”, como cándidamente defienden algunos, sino para utilizarla de herramienta para atomizar la soberanía nacional de España en múltiples soberanías independientes.
Izquierda Unida pretende, pues, reeditar el pacto que ya suscribió con el PSOE en las pasadas elecciones, sólo que esta vez ampliado a los partidos secesionistas. Si IU va de la mano del PNV y el PSOE de ERC, si tanto desde el gobierno vasco como desde el catalán pretenden saltarse a la torera al parlamento español, ¿por qué no coaligarse y abrir un nuevo frente, todos juntos, desde el Senado?
El PSOE –-por ahora—ha rechazado la oferta; eso sí, de la forma más cordial y dando por descontadas las “buenas intenciones” que animan a Llamazares al proponerla. Los socialistas recuerdan con espanto los malos resultados electorales de las pasadas generales y creen que pueden disimular a estas alturas su predisposición a pactar con quien sea contra el PP por el simple hecho de negarse a ir en una candidatura conjunta. Pero eso, y no otra cosa, es lo que pretende hacer el partido socialista tras las generales. Como Caldera ha dicho: “lo que haremos, eso sí, es gobernar desde el diálogo con todas las fuerzas democráticas con un estilo notablemente distinto al que ha practicado la derecha española en este periodo de Gobierno”. El “estilo” de las derechas nacionalistas para Caldera debe ser mejor que el de la “derecha española”. Lo que no debe haber lugar a dudas es que, vista la marginación exigida del PP desde Cataluña, Caldera excluye de ese “diálogo con todos” al actual partido en el Gobierno. De España, por supuesto.

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