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ETA y la extrema izquierda

Los órganos oficiosos del podemismo y buena parte de sus secuaces en las redes sociales compran el mensaje central de los proetarras.

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La muerte del etarra Kepa del Hoyo mientras cumplía condena en una cárcel de Badajoz ha vuelto a poner de manifiesto la miseria moral de la extrema izquierda y de sus terminales mediáticos.

El terrorista Kepa del Hoyo, natural de Almendralejo, provincia de Badajoz, estaba en la cárcel por asesinato, atentado y colaboración con banda armada, delitos gravísimos todos ellos que explican y justifican su larga estancia en prisión y que hacen que llamarle "preso político" sea no sólo una repugnante falsedad, sino un insulto a todos los españoles, sobre todo a quienes fueron víctimas directas de sus crímenes.

Arnaldo Otegi, otro terrorista con penas de cárcel a sus espaldas, ha acusado al Estado de haber matado al asesino Del Hoyo. Otegi, que confesó estar solazándose en la playa el día en que sus conmilitones asesinaron a Miguel Ángel Blanco y que ha afirmado que sería "absurdo" que le pidieran "condenar la violencia", siempre ha enmarcado los crímenes de ETA en el contexto del conflicto, es decir, en la guerra sin cuartel de la banda terrorista contra España, sus instituciones y su ciudadanía.

Que el condenado Otegi perpetre esas declaraciones no debe sorprender a nadie: Otegi es lo que nunca ha dejado de ser; lo terrible es que este sujeto, al que tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Pablo Iglesias han vendido como hombre de paz, parece haber sido adoptado por buena parte de la extrema izquierda española, volcada en el blanqueo ya no de su trayectoria sino de la de ETA, la banda que ha asesinado a un millar de personas, la inmensa mayoría de ellas en la etapa democrática.

Así, los órganos oficiosos del podemismo y buena parte de sus secuaces en las redes sociales compran el mensaje central de los proetarras, y cuando anda ETA de por medio de ninguna de las maneras hablan de "terroristas", sino de "presos vascos"; los más sinvergüenzas dan el paso completo y hablan, como el condenado Otegi y demás ralea liberticida, de "presos políticos vascos". Así están las cosas en el vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Esta es la verdadera cara de la extrema izquierda, que ya tiene una inaudita y ominosa presencia en las instituciones, no pocas de las cuales –y de la mayor importancia– controla por culpa de un PSOE desfondado, insensato y por eso muy peligroso.

Se trata de una extrema izquierda que habla y no para de la violencia institucional de un sistema al que tacha de pseudodemocrático mientras jalea al régimen criminal de Nicolás Maduro en Venezuela y aquí se desvive por blanquear a ETA; de una extrema izquierda hiperviolenta que escrachea, asedia, asalta a sus rivales políticos y pretende imponerse por el miedo. Una extrema izquierda, en definitiva, que es una amenaza de primera magnitud para las libertades y la convivencia. Y a la que, por tanto, hay que combatir sin descanso en los ámbitos político, social y, cuando se tercie, legal y policial.

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