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30-III-2012

Firmeza antes y después de la derrota sindical

Nadie ha ganado con la huelga general. España tendrá que asumir el coste que han generado los sindicatos, pese al seguimiento inferior al 10% que ha tenido el paro. La imagen-país, bastante devaluada en los últimos días por los bulos reincidentes procedentes de Bruselas, cuyo origen algún día conoceremos, se ha visto aún más deteriorada. En este escenario, lo peor que puede hacer el Gobierno es modificar una sola coma de la reforma laboral. La más mínima muestra de debilidad ahora sería letal para España.

Rajoy tiene motivos para sentirse reforzado, tal y como han informado fuentes de Moncloa a Libertad Digital. Las declaraciones de ministros como De Guindos asegurando que no se cambiará ni un ápice la reforma laboral, resultan más tranquilizadoras que las de otros miembros del gabinete que han hablado de no tocar “el tronco”, dejando la puerta abierta a algunas modificaciones. Sería tan incompresible como innecesario, después de que los sindicatos hayan sido tan severamente derrotados.  

El nulo crédito que tienen estas organizaciones entre los ciudadanos no ha podido quedar más patente. La sociedad civil española ha dejado bien claro que no se siente representada por los señores Toxo y Méndez. Hoy sí podemos hablar de un ejemplo de coraje cívico de muchos ciudadanos españoles. Porque no es fácil enfrentarse a unos piquetes que, con modos de matón de la más baja estofa, intimidan y coaccionan a todo aquel que se les ponga por delante. Su comportamiento agresivo y cobarde, refugiándose en el grupo, es prototípico de los regímenes totalitarios. Piénsese en los comités de Defensa de la Revolución de la Cuba castrista o en los camisas negras de la Italia fascista.

Afortunadamente esta vez lo han tenido más difícil. Es de justicia felicitar a la Policía por el importante y eficaz despliegue que ha limitado considerablemente la acción de estos energúmenos. Nada tiene que ver la actitud de las autoridades en esta huelga, con la mostrada por el anterior Gobierno de Zapatero, pero el actual marco legal es insuficiente. Como venimos repitiendo en las últimas fechas y más tras los lamentables casos que se han repetido este jueves, es apremiante la redacción de una Ley de huelga que prohíba terminantemente la actividad de los piquetes.

Los sindicatos están heridos. Tanto Toxo como Méndez han incrementado el grado de violencia verbal en sus discursos. El Gobierno sólo tiene un camino: la firmeza en las reformas y el mantenimiento del orden público.   

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